Diario de León
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León

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L o confieso ahora públicamente. Porque creo que el delito habrá prescrito. Yo era uno de los integrantes de la banda de quinto de EGB del colegio MSP —actual Valentín García Yebra— que la mañana de las vacaciones de hace ya 34 años asaltó el camión de Danone que aparcaba al lado de los economatos de la empresa y robó decenas, tal vez cientos de sobres de cromos de la colección de Marco —De los Apeninos a los Andes—. Pero luego me enderezé. Don José, tras acojonarme con todas las penas del Averno, me pidió durante las confesiones comunitarias que realizase un acto de contrición y aunque tuve que rebuscar en el diccionario de qué se trataba, cuando años más tarde salió al mercado la colección de Jackie & Nuca —los ositos del bosque de Tallak— conseguí resistirme a la tentación de completar el álbum de manera ilegal.

Revelo esto ahora porque me voy de vacaciones algo más tranquilo y porque aquel cura se me aparece estos días como trasunto del ministro de Industria, José Manuel Soria, encaramado a la tribuna del Congreso, y a todas las tribunas mediáticas, exigiéndonos como un semidiós un acto de contrición a toda la sociedad de las cuencas mineras. Nos fustiga recordándonos toda la pasta que se ha malgastado en la falsa reindustrialización, lo que han tangado los sindicatos y los patronos en los falsos cursos de formación; lo que se han regodeado los prejubilados con subsidios precoces y con otros muchos errores que se han cometido, de los que los gobernantes de su partido también fueron copartícipes.

Tal vez fuera del territorio carbonero que ahora patean los esforzados de la Marcha Negra así es como se ven las cosas. Gracias también a la «intoxicación» gubernamental de cifras multimillonarias a las que no se contraponen sin embargo ni las que genera la industria minera y de otros sectores auxiliares, ni siquiera las cotizaciones de los jubilados y prejubilados. Pero aunque la urgencia de la movilización y de las protestas no lo dejen ver, el ministro Soria debería ser consciente de que existe ese arrepentimiento social, incluso político a escala local. Que lo que se reclama es una última oportunidad. Porque si se apea de la tribuna y atiende la invitación de la diputada socialista Helena Castellano para pisar los pueblos del Bierzo y Laciana descubrirá que aquí no hay más pan que llevarse a la boca. Lo otro es una ilícita condena al Infierno.

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