EL RINCÓN
El sí de los barones
Empiezan a llevarse bien, después de que algunos se lo hayan llevado todo. El Gobierno y la llamada oposición están de acuerdo en que no es el mejor momento para sumar conflictos, ya que el tinglado de la eterna farsa puede desmoronarse. Las bambalinas que cuelgan del telar están muy débiles y los actores que desfilan por el proscenio están muy vistos.
¿Qué otra cosa puede hacer Rajoy, se preguntan algunos comprensivos partidarios? Los que se muestran afines a hacerlo todo al revés también son muy tolerantes. El lema de ambos es llevarse bien, estrecharse las manos mientras los fotógrafos les perpetúan en las efímeras portadas de los periódicos y evitar que no se rompan más jarrones aunque no haya más flores.
Los barones constituyeron en tiempos un cónclave de gentes que había obtenido su dignidad más o menos preminente por su ejecutoria.
Formaban un círculo teóricamente ejemplar, pero en la política moderna forman un círculo vicioso. Los más certeros intrigantes, los traidores más habilidosos y los más solapados granujas se han infiltrado en él.
¿Quiénes son ahora los barones de los respectivos partidos? La respuesta muy bien pudiera ser los que han sabido desbancar a sus superiores primitivos, que a su vez hicieron lo mismo con los suyos, pero el caso es que hay que contar con ellos. Mariano Rajoy y José Antonio Griñan se han hecho momentáneamente íntimos.
Es urgente que coincidan si no quieren quedarse a dos velas o a media luz porque no hay más cera que la que ardió.
Da gloria verles en la tele y los periódicos dándose la mano. Es un saludo de sesión contínua aunque solo dure lo que tardan los fotógrafos en hacer su tarea. Parece como si cada uno de ellos quisiera arrancarle la mano al otro para llevársela luego a la cabeza.
Hay que aplazar las confrontaciones y calmar a los descontentos. Y a los hambrientos, que son los primeros que pierden la calma. Se sabe que son muy nerviosos.