TRIBUNA
Ni 2002, ni AVE, crisis...
Las vías del tren siempre con su paralelismo formal conducen hacia algún sitio, pero… en nuestro caso, el leonés de la capital, el fondo de saco con el que nos obsequió Fomento, el de «Pepiño», dicho sea con todo respeto, nos viene a demostrar que lo provisional demasiadas veces, como los raíles de una y otra mano, no llegan a encontrarse con lo definitivo. En su descargo hemos de decir que fue lo suyo una buena segunda intención, pues, en la primera, de otros, ni tan siquiera habían contado con León.
Es nuestro sino. Lo fue en lo autonómico, nos está siendo en lo provincial que del ente dimana, en tanto lo económico, malo para todos, en el caso leonés está exacerbado por el arrinconamiento al que desde el poder autonómico hemos sido sometidos.
Provincialmente hemos ido a rebufo del ente, o más bien «haciendo la goma», no por gusto, sino por abandono, marcado por una tolerancia política que nos empeñamos en no querer ver lo leoneses de a pie.
No siempre fue así. En los inicios autonómicos de imposición posicional, la de adscripción por «razones», fruto de un movimiento social que se revelaba al sometimiento, mediante la comprensión de algunos políticos, en especial la de aquellos que se forjaron en el leonesismo político, contábamos algo, se nos tenía en cuenta. Esperando que los leoneses como pueblo olvidado bajáramos la guardia.
Con relación al Ave, ya desde los inicios, se estudió para que llegara a la «capital del ente», o sea la centralista Valladolid, cuyos políticos han sabido ayer, y hoy no pierden ocasión para ello, alcanzar los máximos beneficios de su posicionamiento de dominio y control autonómico.
No supimos interpretar esto en su verdadera dimensión. Nos estaban dejando en la cola del ente, ellos, los autonomistas castellanos, que se les llenaba la boca de comunidad castellanoleonesa, pero que a la hora de la verdad colocaban su mente individualista en beneficio de Valladolid.
Tampoco supimos valorar adecuadamente que se empezara a hablar de llevar a Galicia el AVE por Zamora, que esta decisión adquiriera tono de firmeza, y así se cumplimentara finalmente. Claro que siendo León capital paso obligado hacia Asturias, una línea de Alta Velocidad sería imprescindible, pensamos casi todos, y con buen criterio, por lo que, igual que llegaron las vía y el tren de Palencia a León en 1864, las del ligero Ave vendrían indefectiblemente. Máxime teniendo en cuenta que Zapatero estaba actuando de presidente del Gobierno de la nación. Así fue, pero demoradas demasiado las obras, llegaría a afectarlas el toro de la crisis económica, ésa que nuestro paisano se negaba a aceptar.
Para el paso a nivel que las primitivas vías en su continuación hacia Asturias originaron, y que sin demasiada tardanza tomó el cariz de estrangulador, las nuevas, las del ágil AVE, tomando la solución de soterramiento planeado en el Proyecto 2002 de UPL, concretamente desde la Plaza de Toros hasta casi Trobajo del Camino, supondría la supresión de tal nudo gordiano.
Sin embargo, todo el ambicioso proyecto, soterramiento de vías y estación, la liberación de terrenos, etc. se quedaría en la anulación del paso a nivel, muy bien recibida por los vecinos; la prolongación ondulada de Ordoño II hasta la que siempre hemos llamado carretera de Zamora, de amplias miras; y una estación en fondo de saco incompatible con el AVE.
Lo que posiblemente nunca nos habíamos planteado, era que el tren hacia Asturias procedente de Madrid, como ensayo, fuera directo algunos días para determinadas composiciones, soslayando así a la capital leonesa, dicen que para acortar distancias.
Hay un peligroso movimiento en Valladolid para asumir la gestión de control viario del AVE. Nada les importa que tal cosa esté destinada a León, y el edificio en ejecución; ávidos de todo, «hacen comunidad» intentando centralizar ese servicio en «su» capital. Una apropiación indebida urdida desde los entresijos del poder que manejan. Así las cosas, al culo de saco ni tan siquiera llegará el Alvia, como hasta ayer; el Avant, de menor enjundia, será el destinatario de él. Pero, ¿a quién preocupa tal cosa en el ente? ¡A nadie!, ¡Si acaso lo contrario!
En el entretanto, el actual consistorio capitalino quiere jugar a redentor del AVE, aprestándose a: «sin perder eficacia», redefinir el escenario… o sea, a tragar hasta el fondo del saco.
Los «nuestros», los políticos a los que hemos elegido en las urnas, más en precario en sus miras que los dineros que no han de llegar con la crisis, se pliegan a todo, callan y militan. Malo en sí esto, pero más aún agravado con su tolerancia dolosa. La crisis favorece siempre a los mismos, a los que están ojo avizor, a los «listos» del ente que barren para su casa, y que además muchos de los nuestros ayudan a sostener la escoba con un trágala pasmoso.
Lo hemos podido comprobar en los episodios del carbón, en la defensa de los mineros. El «indomable» Juan Morano, en fase de declive en el PP, desde el puesto de senador al que le confinaron, mostró su personalismo votando en contra de lo que proponía el PP pues dañaba a los mineros; decisión, en todo caso, nunca fácil. No así otros, los auxiliares de la escoba a los que acabo de aludir, como Luis Aznar, que siempre estuvo en contra del ente hasta que le dieron un puesto, entonces se acabaron los choques. ¿Cómo se iba a revelar ahora contra los que le apadrinan? En todo caso la crisis no puede enmascarar los derechos de los leoneses.