Diario de León
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CAMINO GALLEGO
León

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Hay que resurgir de las cenizas, como el ave fénix. Así tiene que hacer el Ayuntamiento de León, que debe volver donde solía. El incendio de la sede de Ordoño II obligará a trasladar los pocos bártulos que quedan y los muchos funcionarios al edificio de San Marcelo. Y como no creo que quepan allí es posible que haya que habilitar también algunas dependencias (los torreones parece que están abandonados) del viejo Consistorio de la Plaza Mayor. Porque en época de penuria —y pocas como la actual— hay que echar mano de lo que se tiene y así volver a dar uso cotidiano a edificios que se han «puesto en valor» (que se dice ahora, aunque realmente lo que significa la frasecita es que se ha gastado un montón de dinero en quitar viejos materiales y poner otros que no durarán tanto, pero que quedan más monos y actuales) y sin embargo están infrautilizados.

El Ayuntamiento volverá a San Marcelo, de donde no debió salir nunca. El viejo edificio cumplía perfectamente su misión, pero en la época en que ‘empezó la riqueza’ se creyó que era mucho más útil y, sobre todo, más fardón tener un gran edificio de siete plantas en Ordoño que uno de una sólo a espaldas de San Marcelo. Y ahora habrá que volver a él. A los leoneses nos costó el edificio de Ordoño II de unos 11.000 metros cuadrados un total de 2.900 millones de pesetas en julio de 1997 (1.200 millones en metálico que se pagaron en tres plazos y 1.700 millones en terrenos), más los costes de la remodelación y adecuación de las instalaciones para pasar de ser entidad modélica de ahorro a ejemplo de despilfarro.

Recordemos que cuando entonces se realizó el traslado inverso había en Poridad mil trabajadores, que fueron ubicados en las siete plantas del edificio en el mes de septiembre de 1997. Quince años después, con el euro en danza, el número de funcionarios se ha disparado y eso que con los ordenadores se simplifican mucho las tareas administrativas. Seguimos actuando como si todavía fuéramos ricos (nunca lo fuimos, pero llegamos a creérnoslo) y mucho me temo que el incendio del viernes nos costará nuevos sudores a los vecinos contribuyentes. Los seguros pagarán lo que les corresponda y a nosotros nos tocará nuestra parte y es que ya se sabe que a perro flaco todo se le vuelven pulgas.

La administración volverá a San Marcelo, pero nosotros no volveremos a los niveles de 1997, al menos en impuestos.

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