La opinión del lector
Cosas de Villafranca
La aberración de la plaza mayor en Villafranca del Bierzo, repleta a reventar de sillas, mesas y sombrillas, como terraza inmensa, sólo podría superarse con el mal gusto de convertirla en media terraza e inapropiado aparcamiento, donde una docena de vehículos son suficientes para llenarla, pero también, transformarla en un garaje, con coches maniobrando, mientras los transeúntes se la juegan constantemente.
La guinda de este pastel, (con una inexplicable falta de medidas para solucionarlo) la pone el solar frente al Ayuntamiento, con un edificio de reventadas o inexistentes paredes en su costado, con enseres asomando, y donde un pedazo de plástico negro que cuelga de mala manera, es incapaz de disimular tan bochornoso espectáculo. Es esta, con mucho, la fotografía más repetida o la imagen que se llevan en la retina, los centenares de peregrinos que atraviesan Villafranca (¿no la verán desde el Ayuntamiento?). Tampoco deben haberse percatado de las banderas o mejor dicho: los harapos que cuelgan en el jardín, en el edificio de la antigua Agraria. De todo ya hace años. Quizás falten algo más que medios...
Está el tráfico de San Salvador, con problemas casi permanentes, (bastaría un simple semáforo) ¿es tan complicado?. Esto sin mencionar el peligro latente en el estrechamiento del antiguo hotel Condesa, que pide a gritos un medio físico para limitar la velocidad de los «pilotos frustrados de carreras», que también se desbravan en la calle del Agua, confundiendo la limitación de velocidad máxima a 10 kilómetros por hora, por una de 100, sin que ningún medio físico o policial lo evite.
Siempre quedará el Supremo
Confieso que las sutilezas en el entresijo de la Ley no deberían de sorprenderme, aunque desde hace algún tiempo cada vez más las sentencias judiciales me descolocan. Veamos: El Tribunal Supremo (al que considero la Catedral del Imperio de la Justicia) interpreta que el mero hecho de ser militar condecorado, está lo suficientemente justificado el que haya abofeteado a su mujer, «este valiente militar» por el mero hecho de que convive entre la violencia (sic).
Yo, en mi humilde opinión, me pregunto si este mismo tratamiento se daría al carnicero de mi barrio (también condecorado en la «mili»), que ahora convive entre cuchillos y hachas, si a su «parienta la sacudiera» con tales utensilios. Otro ejemplo. El policía de un barrio conflictivo ¿podrá descargar «su adrenalina» contra la «parienta» a sabiendas también que fue condecorado, que su «acción» quedaría suficientemente justificada dado que su continua frecuencia es alrededor de la violencia callejera?
Sinceramente, tanto una bofetada del «valiente militar» como las bofetadas del policía o el carnicero ¿serían equiparables y/o también justificadas por dicho Tribunal? ¡¡Sólo me pregunto!! Claro que después de lo sucedido con el señor Divar, todo es justificable. La espada de la Justicia que nunca tuvo vaina ahora sí parece. Sinceramente pienso que tenemos que cambiar de cama si queremos curar la fiebre ¿me siguen?