CRÓNICAS BERCIANAS
Los audaces
Le afea estos días Feijóo a Hollande que vaya a recortar 30.000 millones. No por el ajustito de nada, que a mi como la mayoría de los españoles nos trae al pairo. Es porque el canciller francés prometió otra cosa bien diferente en la campaña en la que machacó a Sarko. ¡Hay que joderse!, que diría mi abuelo. Como si el presidente de la Xunta estuviera cansado de repetirle a su paisano Mariano que ya está bien de que cumpla tan a rajatabla y ferozmente el programa con el que logró la mayoría absoluta en las últimas generales... La verdad es que tiemblo con sólo pensar que el otro día prometió en TVE no tocar las pensiones. Porque el Barbastristres es como un programa electoral inverso.
Lo que llama la atención entre la vapuleada y apocada clase política es que sigue sin aprender casi nada. A la mayoría le cuesta llamar a las cosas por su nombre y a los populares en el Gobierno les sigue complaciendo escudarse en aquella manía tan odiosa de Zapatero —ahora aún más— de cotejar la crisis nacional con la planetaria y los ajustes de aquí con los de allá y acullá. Por mucho que lo que tramen Hollande o Merkel vaya a repercutir en buena medida de nuestro futuro económico y social es indignante esa memoria selectiva extramuros con la que unos y otros justifican su falta de intrepidez o argumentan medidas que debieran exponerse fundamentalmente bajo razonamientos de estricto interés nacional por crudas que sean. «Estoy haciendo lo que va a hacer Hollande», pretexta cobarde Rajoy entrando en el juego del PSOE. Y Rubalvaca se agarra de los pelos del pecho para no caerse con todos los argumentos que ha ido forjando, como si de su propia guillotina se tratara, para presentar al jefe del Ejecutivo como un ogro sin par en todo el orbe. «¡Apártate que me tiznas!», le dijo la sartén al cazo. Parece el eslogan de la campaña del gobierno de crucifixión nacional popularsocialista.
El alcalde de Ponferrada invocó en el Día del Bierzo más «audacia» para todos los políticos. Me pasa como con Rajoy. Tiemblo. Hablamos de un Ayuntamiento que no ha sido capaz de sacar adelante un presupuesto puente en dos años. Porque el consistorio de Ponferrada en los últimos tiempos es un territorio de audaces en general, pero sólo a la hora de ver quién es capaz de esconder mejor la cabeza. Pero cierto es que ya va siendo hora de dejarse de tantos andamiajes politiquiles y de trabajar mirando al frente.