Diario de León
Publicado por
manuel alcántara
León

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Los mendigos también tienen que hacer cuentas y deben hacer previsiones. Sobre todo por si llega el momento en el que sus manos suplicantes tienen que volver con los bolsillos vacíos. En ese trance se ve ahora nuestro sufrido ministro de Economía, Luis de Guindos, que sabe que Dios aprieta pero no afloja y a el se le siguen ocurriendo ideas, a cual más ingeniosa.

Lástima que todas sean inservibles. Ahora ha planeado usar el sobrante del rescate bancario, no para invertirlo en algún negocio favorable, ni para repartirlo entre los que hacen cola en los comedores de beneficencia, sino para no tener que pedir más dinero. ¿A qué le llamamos fondos sobrantes? Muchos españoles tienen clara la respuesta: la cantidad sobrante coincide con la suma de todo lo que a ellos les falta.

Nos dieron un taco de dinero importante en el primer rescate bancario, que nadie se atrevió a llamar por su nombre, pero nos queda un pico.

Hay que usarlo muy bien porque los prestamistas europeos, si no les pagamos dejarán de prestarnos atención. Lo prometido es deuda, pero deuda pública, y hay que tener mucha cara para seguir pidiéndoles a los mismos que nos lo prestaron y no se lo devolvimos en los incomodos plazos previstos.

Nuestros acreedores, como todos los de su linaje, son implacables. No es que tengan el corazón muy duro: es que no tienen corazón. Lo que sí tienen es dinero para dar a plazos y para tomar las de villadiego cuando cobran. León Bloy, que era un judío pobre, decía que para saber la opinión que tiene Dios del dinero solo hace falta fijarse en la gente a quien se lo da.

A partir de mañana volveremos a hablar apasionadamente de fútbol, pero pasados los días redondos, tendremos que ocuparnos del tema fundamental, que es el dinero, pero mejor sería retirarle la palabra.

Se cuenta del desdichado rey Carlos II que dijo: «Jamás he visto más deudas y menos dinero para pagarlas» y tomo una decisión. No darle audiencia a los acreedores.

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