LEÓN EN VERSO
Pólvora ajena
Era nublarse y diluviar billetes que traían las borrascas de la cohesión desde la Unión Europea; parece que fue ayer cuando en los cartelones de la Junta y del ministerio de Piqué (no el de Shakira, no, el de Vueling, el de las mil y una reverencias a Bush) se colaba de rondón, disimulado de esquina, cualquiera de los organismos de Bruselas encargados de acercar a los pobres territorios a la rica Europa. Esos paneles de spot publicitario que a duras penas hubieran pasado un estudio de impacto ambiental serio han desaparecido del horizonte leonés.
Ya no hay dinero ni para engañar. El grifo europeo lo fue todo en la financiación de lo que se hizo en León en los últimos quince años; Europa ponía la pasta y los sucesivos gobiernos de Valladolid las letras gordas de la propaganda. Fue, como acuñó un célebre señor de Burgos con intención de atizarle a Zapatero, un tu invitas y yo pago.
De aquella época de dolce vita del político con los bolsos llenos de fajos que disparaba con munición ajena sobrevive Clemente, que aún puede jugar al monopoly y a los bancos con los cien millones de euros en ayudas que la Política Agraria Común —o sea, Europa— envía cada año al campo leonés. A los que tienen derecho a cobrarlo; porque sólo un tercio de los que reciben el parné viven en el medio rural y del medio rural. Es harina de otro costal saber qué hace un jubilado como benefactor de las ayudas que se justifican para proteger el mercado de alimentos.
Es indudable que Silván, siempre afanoso por encontrar dinero para las tercermundistas carreteras de León (para obras que por decreto se lleva una empresa de Valladolid que no se puede decir, en otro ejemplo del indeleble apoyo de la administración autonómica a los leoneses) daría su imperio por ser consejero de Agricultura un mes, y mientras el resto de comuneros de Herrera se dedican a silbar o a recoger las barreduras para el Pisuerga, convocar a las radios falderas del sistema y anunciar, como la consejera de la baraka y la Lauki, que antes de mediodía ingresa en la cuenta de la caja cincuenta mil millones de pesetas.
Faltó por aclarar que esa lluvia de millones es pólvora ajena, que no es otro dinero que lo que ponen contribuyentes europeos, entre otras cosas para sujetar un tejido productivo que si aquí algo ha recibido de la Junta son patadas en el culo.