PANORAMA
Comisionista
Entre revisar facturas, comprobar pagarés que nunca se pagaron y otras indagaciones, a la Guardia Civil le llegan los expedientes hasta el tricornio. El benemérito cuerpo, que es de las pocas instituciones españolas que conserva intacto su prestigio, no da abasto. Además de detener malhechores que suelen tirar al monte, se les exige que sean detectives y busquen en los despachos a los más respetables ladrones.
A unos los encuentran entre las zarzas y suelen ser pobres, y a otros los encuentran en los suelos enmoquetados, entre ujieres ceremoniosos y secretarias de buen ver. Anticorrupción, que tiene un trabajo ímprobo, ha destapado la financiación ilegal del PP de Baleares, que se basaba, como es habitual en estos numerosos casos, en el cobro de comisiones.
Hay que llamarles presuntos a estos amigos íntimos de lo ajeno, que está mal llamarles golfos de levita. Tres autonomías están bajo sospecha.
Una sospecha cierta. El fiscal de Baleares, Pedro Horrach, y el juez José Castro, que bastante trabajo tiene investigando a Urdangarin, son los encargados de sacar a la luz la infecta trama. El Gobierno que presidió Jaume Matas da para muchas más pesquisas. Muchas campañas electorales se financian con fondos públicos, pero no hay que llevárselo todo. La estulticia también rompe el saco. Ocurrió en el ‘caso Gürtel’ y en otros que también hacen al caso, aunque se hayan ido desvaneciendo.
Una profesión magnífica la de comisionista, aunque tenga sus riesgos.
Ellos establecen su parte alícuota, que a veces es desproporcionada y además están obligadas, bajo palabra de deshonor, a repartir. En España siempre hay muchas subcomisiones. ¿Cómo sería nuestro país sin tanto comisionista? Los hay en todas partes. En Sevilla, la Guardia Civil ha descubierto al primer eslabón de la cadena de los ERE. Un verdadero orfebre que antes de descubrir su vocación trabajaba en la Consejería de Empleo, que tampoco es mal sitio.