Diario de León
Publicado por
manuel alcántara
León

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Los Presupuestos nos han sentado muy mal incluso a los que todavía seguimos de pie. No sabemos si suponen un pacto con el diablo o una componenda múltiple de mil demonios, pero el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, dueño de una antipatía arrolladora, intenta consolarnos prometiendo que el 2013 será el último año de recesión. ¿Ustedes se lo creen? Yo tampoco.

Una reducción de penas compartidas por casi todos equivale a poner fecha fija a las penalidades. Sin duda el alegre pronosticador tiene datos que desconocemos y no habla por hablar, sino por callar las protestas.

No tiene don Cristóbal pinta de ver crecer la hierba, pero ha divisado algunos brotes verdes. Ojalá no sean ni devaneos ni verdura de las eras.

Estamos hartos de la inaplazable austeridad y no deja de ser confortador que alguien le ponga plazo.

No es cierto eso que dice la copla de que el preso acaba tomándole cariño a las rejas de la cárcel. Tampoco es verdad, aunque lo diga el tango, que veinte años no son nada, porque está comprobado que uno es mucho y si no transcurre no pueden venir los diecinueve restantes.

El Gobierno que hemos elegido democráticamente comete un error de cálculo al creer que la paciencia del pueblo es inagotable y solo le puede sacar de ese error una revuelta popular organizada y protagonizada por hambrientos.

No por gente de más o menos apetito, ni por desganados, ni por sindicalistas satisfechos. Decía Tolstoi, que era un místico y un pacifista, que los estudiantes hacen algaradas, pero no revoluciones. Al parecer, para constituirse en un auténtico revolucionario y desear la alteración de la sociedad, no basta con tener ganas de romper mucha porcelana y algún mobiliario público, sino tener muchas ganas de comer.

A los despachos ministeriales, que está insonorizados, no llega el clamor. No hay peor sordo que el que no quiere oír la voz del pueblo.

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