Diario de León
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CABALLERO
León

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Abrió la puerta el castañero de Santo Domingo y se nos ha travestido el otoño de invierno dentro de su locomotora tiznada de recuerdos. Un remanso humeante en el que se cita la ciudad por estas fechas para mudar las estaciones, que aquí nunca van a tiempo, como las inversiones, las infraestructuras o los cubalibres de churrería. Rutinas en las que se reconoce a Ángel recostado en el vientre de la Changai, superviviente de tres décadas, con su gorra calada, como un cruce de farero y deshollinador de Mary Poppins a un lado del camino. Fiel en el umbral de las lluvias que arreciarán en heladas, en nieves, en ventiscas, en el desordenado tránsito de la vida urbana que pasa por delante, mientras las calles se impregnan con las bocanadas melosas que urden las castañas en su lecho de carbón.

La vida de León se abisma por estas fechas en los cucuruchos del castañero ensortijados con noticias. Caracolas de papel en las que se escucha venir el frío que todavía no es más que una caricia y que dejan en los dedos el tinte de un mundo caduco. Huellas dactilares que se calcan al desconchar las castañas y van todo el día en el bolsillo para poner un poco de calor a una ciudad en la que duermen a diario más de 180 personas en la calle. Una ciudad en la que crece el paro con sus cabizbajos de manos en los bolsos. Una ciudad con aulas en las que cada vez más niños llevan la mochila vacía porque en su casa tuvieron que escoger entre comer o comprar los libros. Una ciudad en la que los hijos sacan a los abuelos de las residencias porque están sin trabajo y así optimizan la pensión. Una ciudad en la que más de 5.000 dependientes verán recortada la nómina de septiembre en un 80% porque el Gobierno y la Junta entienden que son gastos prescindibles. Una ciudad sin horizontes en la que los políticos se pliegan a los dictados de los recortes estatales, justifican la ausencia de inversiones y sermonean a los ciudadanos por haber creído que podían contar con unas infraestructuras de desarrollo...

Una ciudad que se prepara para un largo invierno que no hay certeza de que acabe en abril. La hibernación a la que nos oponemos con un cucurucho de un euro metido en el bolso. La célula de resistencia de Ángel, a la sombra del reloj parado de Santo Domingo. Una gavilla de castañas para que no se pare el tiempo.

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