Diario de León

Publicado por
Carlos López Riesco. Alcalde de ponferrada
Ponferrada

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«Ponferrada cierra el Comedor Social por su baja utilización. En el último año apenas ha habido usuarios». Ese es el título y el subtítulo de la noticia que nos gustaría ver publicados un día a cuatro columnas en el Diario de León. Sería un día feliz para todos. Por desgracia, va a tener que esperar.

Hoy este periódico entrega su galardón al Desarrollo Social y los Valores Humanos al Patronato San Genadio por su trabajo en el Hogar del Transeúnte y el Comedor Social del Centenario Virgen de la Encina.

Con él se vuelve a poner en la calle la inmensa labor que está realizando, porque estos premios, además de reconocer el trabajo bien hecho, ayudan a seguir concienciando a nuestros vecinos de lo que está pasando a su alrededor. Con la mala noticia de la cantidad de gente que necesita atención, pero también con la buena de que la sociedad responde y crea sus propias herramientas cuando de verdad cree en sí misma.

La de San Genadio es una de esas instituciones de la ciudad que hacen sentirse a uno orgulloso de ser ponferradino. En ella se aúnan la vocación de servicio a los demás de forma desinteresada y el trabajo silencioso de muchas personas anónimas que redunda en beneficio de otras personas anónimas.

Comenzó hace más de dos décadas con el Hogar del Transeúnte, dentro de las iniciativas asistenciales que se promueven desde la Basílica de la Encina, con su rector Antolín de Cela a la cabeza. Era hacer posible un refugio para gentes a los que le vida zarandea, que se mueven sin rumbo estable y a los que Ponferrada da techo para que nadie tenga que dormir bajo cartones en una acera.

Después se completó con el Comedor Social. Se empeñaron y lo consiguieron. Desde entonces las instituciones públicas ayudamos, pero en menor medida que sus promotores, voluntarios y colaboradores que son auténtico alma y fuerza del colectivo.

El Comedor surgió antes de que la crisis golpeara con toda la fuerza que lo está haciendo ahora. Los responsables de San Genadio se anticiparon porque veían ya la necesidad, había que ocupar un hueco que nadie ocupaba: el de dar un plato caliente en un comedor. Techo y comida a los desfavorecidos no es sólo lo que aporta San Genadio, también está la recuperación de la dignidad como ser humano, el calor de sentirse recibido, de saber que no se está solo, que otros te ayudan en un mal momento y además son vecinos tuyos. Porque ahí están los voluntarios, personas que deciden entregar lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo. ¿Cuántas veces decimos al día «no tengo tiempo de nada»? Pues algunos lo invierten ahí, mujeres (sobre todo) y hombres que están pendientes de que todo esté limpio, que haya suministros, y de cocinar sano y bien estirando cada euro todo lo que se pueda.

Ese ejemplo de los voluntarios amplifica la entrega de otros colaboradores, también anónimos, que aportan ayudas económicas, que traen alimentos cuando se les pide o cuando ellos quieren. Que cuando organizan una prueba deportiva, un concurso, un certamen, una reunión, una rifa, una obra de teatro, deciden aportar la recaudación parcial o íntegra al Comedor Social. No es moda, es el valor del ejemplo. Y es donde la ciudad entera se está volcando.

Pero no quiero terminar sin subrayar el empeño de una persona, Antolín de Cela, en el éxito de esta labor. Es el enésimo proyecto social y asistencial que capitanea, que se une a los culturales en un todo que hace de su acción vital herramienta de salvación cada día.

Enhorabuena a todas las personas que ven reconocida su labor con este premio y al Diario de León por saber apreciarla.

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