Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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AArtur Mas le ha salido el tiro por la culata, de lo cual no puedo por menos de alegrarme. No tanto porque su desafío soberanista haya fracasado —no se confunda esa apuesta con el legítimo derecho a decidir—, como por la impostura que ha rodeado su estrategia. Anticipó de manera oportunista las elecciones para convertirlas en un plebiscito a favor de sí mismo y de su partido, desviando la atención sobre su verdadera gestión de gobierno, que, entre otras lindezas, se ha caracterizado por llevar la delantera a la hora de aplicar todo tipo de recortes sociales.

Quiso subirse como los surfistas a la cresta de la ola y ésta le ha pasado por encima. En clave nacionalista, el análisis es que el electorado ha preferido el original de ERC a la copia de CiU. Parece evidente. Pero yo quiero pensar que su retroceso electoral también guarda relación con esa escalada de recortes sociales que ha aplicado con menos complejos aun que el PP. Fue el gobierno de Mas el primero en aprobar el euro por receta (imitado ahora por la Comunidad de Madrid) y en cerrar centros de salud y hospitales enteros, provocando un deterioro de la sanidad publica muy sospechoso de favorecer el negocio privado. Confío en que esa impostura le haya pasado factura electoral.

Los sondeos preveían tal desplome de los socialistas catalanes que ellos y el PSOE se conforman con haber perdido ocho escaños. Allá unos y otros si quieren consolarse. Lo cierto es que, tras el batacazo sufrido en Galicia y País Vasco, el resultado en Cataluña confirma que los socialistas siguen en caída libre. La mejor noticia para ellos, y para todos, es que, salvo que a alguna comunidad se le ocurra adelantar elecciones, no hay prevista ninguna otra cita con las urnas hasta los comicios europeos del 2014. Año y medio, pues, de descanso electoral.

El PP ha obtenido un buen resultado en Cataluña, seguramente gracias a que la tensión soberanista/independentista ha polarizado hacia su opción el voto españolista. Se ha ido así de rositas de su corresponsabilidad en los recortes sociales aplicados por el gobierno nacionalista de CiU, al que ha apoyado en casi todas sus peores decisiones.

Es obvio que el batacazo de Mas debilita su estrategia soberanista, ello para alivio de Rajoy, que tenía ante sí una situación muy peliaguda. Como lo sigue siendo la crisis económica, el incesante incremento del paro y el creciente deterioro social agudizado por unos drásticos recortes que colocan cada día a más ciudadanos al borde de la exclusión. Se equivocaría gravemente Rajoy si, aprovechando la inexistencia de una alternativa real de gobierno, se creyera con patente de corso para seguir deslizándose por la senda absolutista. Una cosa es la mayoría parlamentaria y otra muy diferente la mayoría social.

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