EL RINCÓN
El ‘liquidador’
La rodilla de Messi preocupa más que la conciencia de Díaz Ferrán, pero ambas cosas intrigan menos que la figura de Ángel de Cabo, el hombre que convirtió todos los bienes de Marsans en males gananciales.
Estamos acostumbrados a que compitan los más acreditados granujas a ver quién se lleva la palma y luego se la lleva para abanicarse con ella el resto de sus días, pero de pronto aparece un rival de los múltiples urdangarines que excepcionalmente ingresa en prisión, quizá para que la gente pueda seguir creyendo en la Justicia.
Díaz Ferrán y Ángel de Cabo están deshonrando la cárcel de Soto del Real, donde hay tantos presos que solo perjudicaron a una sola persona y llevan mucho tiempo expiando el mal trance.
Puestos a batir récord hemos superado la plusmarca histórica de las fianzas. Al expresidente de la Ceoe se le piden 30 millones de euros y al liquidador 50. ¿Será por dinero?
Las cárceles están más habituadas a hospedar pobres y personas que «por no tener, con oficios indebidos se mantienen», que golfos de levita. Quizá por eso, éstos últimos permanecen muy poco tiempo entre rejas. Constatar este hecho no es demagogia, sino pura estadística.
¿De dónde van a sacar el dinero los encarcelados?, se pregunta todo el mundo, especialmente los que disfrutan del salario mínimo. Es una pregunta ml hecha. Quien roba, halla.
Si ha tenido la elemental preocupación de hacerse con unos kilos de oro y algunos Ferrari, siempre puede ponerlos a la venta, a condición de no ofrecérselos a los desalojados. También carece de sentido preguntarse dónde está el dinero de Marsans: está por todo el mundo. En Suiza, en Liechtenstein, en Malta, en Hong-Kong y en otros lugares donde no se ha perdido la virtud de acoger al peregrino.
Sus dueños lo más que pueden dejar aquí es un mal recuerdo y un pasaporte confiscado. Lo demás estará con ellos cuando se reúnan. No deben impacientarse.