CRÓNICAS BERCIANAS
Piltrafillas
T ras el homenaje a Felipe González del pasado domingo una de las preguntas que flotan maliciosas en el ambiente es si dentro de veinte años Zapatero recibirá un reconocimiento similar. No ya de este socialismo cada vez más endogámico, sino de la sociedad española en general. Ahora mismo resulta altamente improbable que el ex presidente leonés del Gobierno pase de ser un apestado a ver ensalzada su labor.
Por mucho que quienes aún le defienden tibiamente invoquen la burbuja inmobiliaria que Aznar hinchó a dos carrillos, no es menos cierto que él en ocho años no se ocupó ni por un segundo de desinflarla. Si Barbastristes anda ahora a calzón bajado, metiendo la podadora indiscriminadamente hasta en lo que se creía más sagrado, es en buena parte por culpa de Zapatero. Porque no sólo se convirtió junto a alguna de sus ministras en el adalid del negacionismo del holocausto económico y financiero, sino que incluso invitó a los más incautos a vislumbrar brotes verdes donde sólo crecían cardos borriqueros. Con ese currículum bajo el brazo, acentuado por la hecatombe que los populares sazonan con cal viva, es asaz complicado que ni sus políticas sociales, algunas más que loables y otras quintaesencia no ya de lo que se ha bautizado como el buenismo sino más bien del tontismo , puedan llegar redimir a ZP a escala nacional. Ni siquiera con el PSOE de nuevo en la cúspide del poder patrio.
En cambio, cuando el rubor se diluya y los videos de la militancia que pide perdón en su nombre se olviden, León tendrá que admitir que fue un gobernante excelso para sus intereses. Porque la mayoría de las piedras que colocó Zapatero durante su etapa al frente de Ejecutivo es más que probable que perduren como fuente de desarrollo futuro de esta provincia. Aunque tal vez el homenaje a la labor en pro de su tierra se celebre bajo la reforma de un aerodespilfarro no adivino convertido en qué suerte de infraestructura útil para la ciudadanía.
Acaso por entonces la sombra reluciente de González no sea tan viva. Porque al margen de los videos contritos, si alguien en el PSOE quiso hacer aún más daño a ZP y luego a Rubalbaca fueron los inspiradores del homenaje dominical. Cada vez que González pontificaba o regalaba un chascarrillo al auditorio sobre las testas de sus sucesores, como en un gag cómico, se iluminaba una palabra: «Piltrafillas».