Diario de León
Eduardo Aguirre
León

Creado:

Actualizado:

Leo que en la cena navideña del PSOE habrá un espectáculo de magia. Cuidado, militantes y militantas, si el prestidigitador pide un voluntario, que nadie se ofrezca a salir al escenario, ni siquiera por disciplina de partido. Y si los de la mesa de allá empiezan a corear, graciosillos ellos, pongamos por caso: «Que salga, Anacleto, que salga Anacleto», lo más prudente es que mire hacia otro lado y hacer como si se llama Félix. La magia tiene mucho peligro en una comida de partido, de cualquiera de ellos. Por ejemplo, pongamos el famoso numero de meterte en una caja y trocearte con un serrucho, todo un clásico de la barbacoa ilusionista. Anuncia el mago «ahora, voy a cortar en pedacitos al compañero Anacleto», y luego cómo no lo reclame la parienta se queda para siempre en la quinta dimensión y puzzleado. Algunas parientas, para qué nos vamos a engañar, no solo no reclamarían que se lo devolviesen sino que, además, festejarían la desaparición con el baile del caballo. Pobre Anacleto, evaporado entre aplausos de los suyos y de la propia. Luego, todo lo más, un día en la sede alguien comentará, así como de pasada: «Oye, el tal Anacleto ¿ha pagado su cuota?». Por tanto, prudencia.

Y lo mismo puede decirse de otros numeritos de ilusionismo aparentemente menos peligrosos, como transformarte en conejo y meterte en la chistera. Te descuidas y terminas en una tartera, zampado con tomate en una merienda campestre. Tampoco los trucos de adivinación son muy de fiar. En temas de partido, no adivines que es peor. Resulta menos arriesgado convertirte en diana humana de un lanzador de cuchillos con los ojos vendados y un pie atado a un cocodrilo.

En su comida de hermandad, los socialistas se preguntarán, cómo el resto de los partidos, dónde está la sociedad del bienestar, esfumada tras el enigmático alehop de la crisis. Realmente, nadie lo sabe. Si le preguntan al prestidigitador les dirá que a él que lo registren. Las monedas ya no salen de las orejas, ni siquiera de las de Anacleto. Los cartílagos se han quedado sin saldo. Y sin embargo... ¿qué haremos sin la magia de la esperanza en que todo esta aciaga situación, sin culpables únicos, pasará cuando se enciendan las luces?

tracking