Diario de León
Publicado por
Pedro Rabanillo Martín
León

Creado:

Actualizado:

Cuando el señor Rajoy llegó a la Moncloa, se encontró con la dramática situación que le regaló en herencia su antecesor, el ínclito señor Rodríguez Zapatero, poniendo de manifiesto las dificultades para ordenar un calendario sin fecha e intentar resolverlas con arreglo a la perentoriedad del tiempo, dando solución a las necesidades más apremiantes.

Comunidades autónomas, sindicatos y oposición, como si de un contubernio se tratara, a modo de conjura, lanzan órdagos desde la anuencia que les otorga la democracia, negándose a colaborar e instándole a no cumplir el programa que había planificado, no admitiendo en modo alguno que la herencia recibida fuese causa de la angustiosa crisis que padecemos. La cita que hacemos a las distintas instituciones, la acompañamos con los hechos que atribuimos a cada cual y que entendemos como injustos y manipulados comportamientos. No asumimos que en el momento actual, cuando más indispensable se hace la colaboración debido a la vigilancia a que estamos sometidos desde los círculos económicos y financieros más influyentes del exterior, traten de torpedear la tarea de recuperar la confianza y credibilidad que, previamente y con extraños subterfugios, fueron dilapidando.

En cuanto a las autonomías se refiere, en alusión general, instarles a corregir las alegrías que han regido sus inconfesables y deplorables métodos —gastos sin control— y asumir la austeridad que requiere tan lamentable estado de ruina, demostrando que su existencia no es baladí para la buena marcha de la administración general del Estado. A nivel particular nos referimos a Cataluña y Euskadi, para persuadirles que deben cambiar el rol y discurso de sus insensatas e imposibles aspiraciones. El hecho de su peso e importancia en el concierto nacional no les da derecho a atribuirse, fuera de la ley, irracionales aventuras y desestabilizadores privilegios. Los ciudadanos de estas dos regiones, conscientes de que la unidad, solidaridad y convivencia son piezas clave de la viabilidad de los entes autonómicos, deberían reconsiderar sus pretensiones, midiendo con serenidad y ecuanimidad las desventajas y consecuencias que tal desafío podría acarrearles. Motivo por el que deberían desechar sin paliativos los frívolos desencuentros y amañados axiomas que impulsan a sus necios gobernantes a ofrecerles imposibles e impensables ventajas si hacen suya la segregación del territorio nacional. Tienen el interés y el voto para evitar tan mostruoso desatino.

Por otro lado, al margen de especulaciones ridículas, plantearse a estas alturas la desaparición de las autonomías, como se pide desde círculos intransigentes, sería tan trágico en el aspecto laboral como moralmente nefasto.

Del tema de los sindicatos, dejar constancia que a los mismos trabajadores a quienes dicen representar, no les importaría su desaparición. Personalmente entiendo que son necesarios para trabajar por el trabajo, —perdonen la ironía— nunca para regalarse privilegios como los que hasta ahora han venido disfrutando y acumulando. La contumacia de mantener que las huelgas y manifestaciones son la panacea en la defensa de los derechos de los trabajadores, además de incongruente, predispone el ánimo a todo tipo de despropósitos. Solamente el entendimiento, fruto de la mutua comprensión, facilita acuerdos con los empresarios, que son quienes proporcionan el empleo y la actividad laboral.

El respeto a este colectivo es fundamental para las relaciones normales. Las ventajas para los trabajadores, nunca se consiguen con enfrentamientos y tremendismos y mucho menos con huelgas generales, sino con acuerdos responsables y duraderos. Estas asociaciones deberían estar representadas por líderes con alto nivel de preparación, no entregar los cargos a los que más gritan y más exabruptos pronuncian en sus agitadoras arengas. La nueva ley laboral no sería necesaria si en lugar de vender tanto estado de bienestar se hubieran dedicado a aconsejar una productividad más responsable.

De la oposición, no podemos esperar más que la falta de criterio de que adolece el Partido Socialista, mejor dicho, sus representantes. Recordemos la insuficiencia y zafiedad en el modo de gestionar sus cargos a lo largo de sus dos recientes legislaturas, en las que cayeron en el delito moral de intentar cambiar la normalización y convivencia que nos habíamos otorgado con una modélica y pacífica transición, regurgitando odios ya digeridos con la extemporánea Memoria Histórica, acompañada de esa memez que es la asignatura de Educación para la Ciudadanía y la extravagante Alianza de Civilizaciones. Todas ellas y otras más que no es preciso recordar, culminaron en oprobio con una «denominación de origen» particular: los insultos y mentiras que a lo largo de su mandato fueron el banderín de enganche de sus estúpidas actuaciones.

Nunca como en estos momentos sería más eficaz la colaboración. Pero para ellos lo importante es el «pesebre». ¿Es que en este gran partido, tan necesario para la democracia, no hay personas preparadas y sensatas para ser alternativa fiable de futuros gobiernos? De haber cambiado de actitud, en estas circunstancias, colaborando con el gobierno que salió de las urnas, hoy con toda seguridad, estarían mejor posicionados en el panorama político, y no se llevarían los batacazos electorales que están recibiendo. Deberían acabar con la guerra que han declarado al señor Rajoy, retirando de las calles a esa deplorable «infantería» que trasciende al exterior como argumento de este holocausto nacional.

Al señor Rajoy, animarle a que siga por el camino emprendido, adoptando las medidas necesarias con resolución y, si fuera preciso, con contundencia, no amilanándose ante las excéntricas manipulaciones que de su política se vienen haciendo, no solamente en las instancias ya citadas, sino desde otros estamentos con un nivel de persuasión importante, como son los medios de comunicación en su triple vertiente: prensa, radio y televisión, desde donde se solemnizan opiniones inoportunas cuando no insidiosas y fuera de lugar para ver esta situación tan excepcionalmente comprometida. Señor Rajoy, hay que ser valiente y osado para asumir un desbarajuste económico de tales dimensiones. Si en macroeconomía los desfases en décimas se contabilizan por miles de millones, ¿cuánto representa para el déficit el 50% de más ocultado del volumen total?

A los inconformistas, pedirles que dejen de ladrar y aprendan la tabla de multiplicar. Está probado que la ignorancia es la opinión que más se vende en el ámbito de la democracia.

tracking