Diario de León
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ernesto escapa
León

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Aestas alturas, podemos discutir sobre la conveniencia de que existan hoteles de gestión pública, pero lo que admite poco debate es el reiterado desacierto en la elección de sus responsables. Desde el pionero Benigno de Vega Inclán hasta la actual Ángeles Alarcó (ex de Rato), es difícil encontrar uno que no dé la nota. A don Benigno, marquesado por Alfonso XIII, le perdía su afición al trasiego del arte, pero además de los primeros paradores nos legó el rescate del barrio sevillano de Santa Cruz, el museo Romántico de Madrid y las casas del Greco y de Cervantes, en Toledo y Valladolid. Eso sí, traficó lo que quiso con pinturas de todas las edades, incluidas las de Goya o Velázquez.

La señora Alarcó atendía una tienda de decoración antes de ser responsable de Turismo de la Comunidad de Madrid. Ahora está retribuida con 180.000 euros anuales: treinta millones de pesetas. De los intermedios, mejor nos olvidamos. Pero volviendo a los cierres estacionales decretados para los paradores de Villafranca del Bierzo, de Puebla de Sanabria y de Cervera de Pisuerga, llama la atención, en primer lugar, que elijan los que acaban de ser remodelados. Sólo Villafranca, con una inversión de siete millones de euros. ¿Es el primer paso para su privatización? Ninguno de los tres ocupa un edificio histórico, así que el trámite es fácil.

En todo caso, yo les recomendaría alguna cautela durante los cierres invernales. Porque en estas ubicaciones las heladas suelen provocar graves averías. Sin ir más lejos, en el tránsito del 2001 al 2002, el parador de Villafranca fue multado por el Seprona a causa de un vertido al Burbia del gasóleo de su calefacción. Como tantos otros inviernos, el parador había cerrado el kiosco por vacaciones, sin tomar la precaución de vaciar sus circuitos. A nadie pareció preocupar la reiteración de aquellos reventones. Aunque Madrid queda lejos, el pescado de los menús se reparte desde allí y también los fréjoles y las consignas hacen el mismo viaje.

Pensando ya en la prevista privatización de estos paradores, me permito recordar cuál ha sido el camino recorrido por los quince que los precedieron en Castilla y León: el deterioro irreversible como antesala de su desaparición. A veces, con un intermedio de gestión por parte de las diputaciones. Tanto da que miremos hacia Pajares o La Bañeza, Monzón de Campos o Ribadelago, por ceñir los ejemplos a estas tres provincias: su destino fue la ruina. Por otra parte, León cuenta con el compromiso incumplido de reabrir Riaño, que cerró sus puertas en 1969, para preparar la inundación del valle. Entonces, la Confederación Hidrográfica del Duero se comprometió a reedificar el parador. Pero pasó como con el palacio de los Allende de Burón. Quedó en lo firmado.

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