Diario de León
Publicado por
ANDRÉS ABERASTURI
León

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Contemplas el panorama desolador de una España que se abre triste y desconfiada al siglo XXI y dan ganas de escribir siempre la misma columna, de reclamar en este vergel de inmoralidad política una pizca de honradez, un atisbo de seriedad, un gesto de coherencia. Escribir una y otra vez la misma columna en nombre de todos los ciudadanos que han dejado de creer en casi todo, que contemplan, atónitos, cómo funciona un Congreso que ha hecho de su capa el sayo con el cubrir sus intereses partidistas, un Senado que lleva décadas devorando dinero de todos sin aportar nada, una Justicia que tarda años y más años en resolver casos escandalosos —eso cuando no prescriben en el camino—, unos sindicatos que viven de las rentas (de todos, por supuesto) y en los que no creen la inmensa mayoría de los trabajadores y una patronal insaciable. Y a esto, súmense gobiernos autonómicos, provinciales y locales con sus empresas públicas, sus falsos funcionarios paralelos, su boato desmedido, su estúpido engreimiento.

Me gustaría decirme a mí mismo que exagero pero solo alcanzo a obligarme a escribir el consabido «con excepciones». Pero pese a que no dudo que las haya, generalizar no solo es lícito sino incluso necesario porque la inmoralidad se ha hecho dueña del sistema.

Más de 300 casos de corrupciones sobre la mesa; millones de euros que van y vienen de paraísos fiscales, condonaciones millonarias a los partidos por bancos que luego se apresuran a la hora de los desahucios y las preferentes, políticos de segunda fila colocando a parientes y amigos, sindicatos que se manifiestan por la mañana contra reformas laborales que luego practican por la tarde.

¿Dónde va este país, el país en el que nunca pasa nada? ¿Dónde va España si lo españoles ya ni somos capaces de cabrearnos ante tanto desmán más allá de lo que dura un telediario? ¿Dónde va esta clase/casta política que asiste imperturbable a la caída en picado de su crédito? Ya no se trata de parecer la mujer del César; hemos llegado a un punto en el que vale la concubina, la «bien pagá». Es necesario recuperar la democracia porque ésta no puede ser, no es la democracia que soñamos cuando entonces. En democracia no cabe tanta inmoralidad, tanta desvergüenza y tanto sometimiento de todos a unas empresas que hoy se cobijan bajo las siglas de partidos. Esta columna la debería escribir una y otra vez, repetirla y repetirla aunque soy consciente de su inutilidad; al menos mis hijos no me podrían echar en cara nunca que, dedicándome a esto, guardé silencio o me vendí a unos o a otros.

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