Diario de León
Publicado por
juan carlos viloria
León

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Nunca como hasta ahora había quedado tan evidente la impotencia del Defensor del Pueblo ante el aluvión de abusos y arbitrariedades que están golpeando a los ciudadanos. Parece hasta un sarcasmo que mientras los ahorradores pierden sus dineros en el timo de las preferentes o los desahuciados montan campamentos de refugiados en las calles, defensores del pueblo nacionales y/o autonómicos sigan haciendo brindis al sol trajinando papeles y urdiendo el simulacro de una tarea que se ha convertido en una caricatura de lo que nos prometieron. Nos enteramos leyendo aquel best-seller de la Transición: «Suecia, infierno y paraíso» de que allí funcionaba un personaje, el ombudsman, que se erguía por encima del poder para defender a los súbditos frente a la arbitrariedad.

Creo que aquella especie de guía de la socialdemocracia ilustrada inspiró a muchos de los padres de la Constitución que con toda solemnidad incluyeron el artículo 54 para consagrar nuestro propio ombudsman. Tres décadas después es hora de reconocer que el resultado ha sido decepcionante y que el ombudsman a la española no ha logrado ni arraigo, ni prestigio, ni popularidad y forma parte del lujoso atrezo de la democracia que sale caro pero viste mucho. Lo peor es que en el proceso de emulación que se desató en la España de las 17 autonomías y nacionalidades brotaron como setas en otoño sus homólogos por doquier. Nunca en la historia el ciudadano ha tenido tantos defensores y, sin embargo, ha estado más expuesto a la arbitrariedad y al abuso, atropello, engaño y fraude.

Además del defensor del ciudadano europeo, español, autonómico tenemos a otros valedores en nuestra condición de espectadores de televisión, como lectores de periódicos, como clientes de entidades bancarias, como consumidores.

Es improbable un escenario más hostil que el de estos días aciagos para el hombre de la calle con tantos defensores que no defienden nada. Seis millones de parados, pensionistas a dos velas, pacientes a euro por receta, ahorradores estafados por comerciales de traje y corbata pero lengua de serpiente; listas de espera que terminan en las tapias del Camposanto, tasas que cuestan más que la indemnización reclamada, estudiantes tiesos por que las becas se han puesto a precio de angulas, padres que no pueden educar al retoño en la lengua materna…. Y para qué seguir. La demostración palpable de su impotencia es que en España brota impetuosa la autorganización callejera y que entre tanto el defensor de Murcia ha sido el primero, y no será el único, que se ha ido a su casa aprovechando la operación recortes.

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