Diario de León
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gAllEgO
León

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Ellos siguen a lo suyo. Lo que les va es presumir, salir en la foto y tirar para adelante. La situación actual es hija de una acumulación de tres décadas de hacer mal las cosas y como cada regidor, dirigente y político sabe que tiene fecha de caducidad siguen adelante sin importarles lo que dejan para quien venga detrás.

Y así, año tras año, todas las instituciones en general (me refiero a los ayuntamientos porque es lo que todos tenemos más cerca) y los consistorios de esta provincia han hecho caso omiso pues sólo Bercianos del Páramo y Cimanes de la Vega (loor a sus mandatarios y funcionarios) han cumplido siempre el imperativo legal que desde el 2003 les obliga a presentar cada año sus datos económicos al Consejo de Cuentas de Castilla y León.

Lo curioso es que el incumplimiento es la norma y casi nos enteramos de casualidad, de que en esta autonomía hay un organismo que se creó para controlar los desmanes presupuestarios de los ayuntamientos y como estos no cuentan lo que hacen pueden seguir dilapidando que no pasa nada.

¿Qué poder sancionador tiene el Consejo de Cuentas? ¿Por qué los ayuntamientos pueden saltarse la norma y no les pasa nada? ¿Para qué sirve un organismo al que todo el mundo torea? ¿Hasta dónde pueden seguir endeudándose o dilapidando los ayuntamientos sin que les pase nada?

Los vecinos asistimos impasibles a las bancarrotas municipales, mientras los ediles están a otro tema: fotos, comisiones (de servicios, me refiero), dietas, sueldos que se aprueban ellos mismos y proyectos faraónicos en los que gastan millones que no se tienen y que se hacen no por necesidad sino por el prurito de que quede algo suyo para la posteridad.

No debe permitirse que pueblos arruinados, despoblados y cada vez más envejecidos tengan unas nóminas de concejales que les abocan a la bancarrota. Si pensábamos que León debía tener 211 ayuntamientos porque así los regidores conocerían mejor sus necesidades, a la vista de la realidad hay que asegurar que una reducción de consistorios significará que los ediles sigan ocupándose poco de sus administrados, pero que éstos no tengan que pagar tantas nóminas. Está claro que hasta ahora los hemos dejado hacer muchas locuras. Hay que poner el cascabel al gato y ese Consejo de Cuentas debe empezar a controlar y no pasar una. Y nosotros, tampoco.

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