Diario de León
Fernando Jáuregui

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Dicen la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y su portavoz, Carlos Floriano, que van a ejercer acciones legales «contra todo y contra todos» aquellos que hayan atribuido ilegalidades a los dirigentes de esta formación, contra quienes han filtrado informaciones falsas y contra quienes las han publicado o emitido. Lo siento, pero me parece un disparate político, y lo digo anteponiendo el hecho incontrovertible de que el PP, como cualquiera, tiene derecho a la defensa de su honor y buena imagen, tanto en los medios de comunicación como en los tribunales; por eso me limito a hablar simplemente de disparate político.

Porque ¿a quién se va a demandar? ¿dónde está el límite entre los que publicaron o solo reprodujeron lo que otros publicaron? Sucede que hasta el Financial Times , para no hablar de otros medios extranjeros, se ha hecho abundante eco de lo que fue el trabajo de investigación de un pequeño grupo de periodistas en Madrid. Si hay que demandar (civilmente, por tanto) a todos, no le arriendo al PP la ganancia ni en términos de acercamiento en el futuro a los medios demandados ni en lo referente a las elevadas tasas que habrá de pagar, fruto esto último, lo de las tasas, digo, de la «ocurrencia» del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. ¿O serán querellas penales las que se presenten, por entender que se ha calumniado e injuriado a las personas que aparecen en los papeles Bárcenas?

¿O será acaso el demandado el propio Bárcenas? Difícil, porque el ex tesorero ha desmentido por activa y por pasiva ser el autor de esos presuntamente apócrifos (Rajoy dixit) apuntes contables, denunciando la maniobra que la filtración y la publicación de esos «papeles no de Bárcenas» como un intento de desprestigiar al PP, en general, y a Rajoy, en particular.

Creo que el PP va a meterse en un lío con esto de las demandas urbi et orbe , y mal harán sus dirigentes si se dejan aconsejar por la indignación que muchos sienten. Ante una situación de crisis «encierre a sus abogados», recomiendan los manuales norteamericanos que yo estudié cuando me iniciaba en comunicación empresarial.

Pido al amable lector que no piense que estoy haciendo una defensa corporativa de los medios de comunicación. Ya sé que es duro tener que probar que eres inocente, y que quien te acusa de culpable pueda, al tiempo, presentar pruebas enclenques o dudosas. Pero, parafraseando al asesor de Clinton, esto «¡es la política, estúpido!». Y la política, ya se sabe, tiene reglas que a veces ni el corazón ni la cabeza entienden.

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