PANORAMA
Revuelta
La arrogancia que destila la corrupción se está haciendo insoportable. No sé a cuánto estamos de una explosión social, pero se ve venir. O la Justicia empieza a hacer justicia o el personal acabará echándose a la calle. Me gustaría encontrar las palabras capaces de reflejar el hondo sentimiento de indignación y frustración que anida en las conversaciones de la calle, en los bares, en el metro, entre los estudiantes... Entre quienes están en el paro y entre los que temen perder su puesto de trabajo. Ver la televisión o leer los periódicos se ha convertido en un ejercicio de riesgo para quienes tienen la tensión alta. Al agua sucia que desplazan los casos más notorios (Bárcenas, Gürtel, Urdangarin, ERES de Andalucía, ITV, Pujol Ferrusola, etc) se suman otro tipo de corrupciones. Ahora resulta que en alguno de los bancos y cajas entrampadas y rescatadas con dinero público han diseñado un plan de reducción de plantillas que en algunos casos permitirá jubilaciones a partir de los 53 años.
¿Qué dicen quienes pagan las fiestas con nuestros impuestos? La respuesta cabe en una palabra: ¡Hartos!
La gente está muy quemada. Todas las encuestas reflejan una desconfianza generalizada hacia los políticos y las instituciones. En ese clima de desesperanza fermentan las noticias sobre los casos de corrupción que implican a personajes públicos (políticos, financieros) que creen tener derecho a ser protegidos de sus propios errores mientras que a los demás se les considera indignos de tal privilegio. Ya digo: o la Justicia empieza a hacer justicia (sin dilaciones, sin eternizar los sumarios) o el personal acabará echándose a la calle. No quisiera exagerar pero creo, sinceramente, que estamos a dos pasos de una revuelta.