AL TRASLUZ
Esperando al indiano
Ah, qué bien nos vendría a los leoneses un indiano de esos que regresa solterón, sin hijos, sobrinos ni nadie al que dejarle su inmensa fortuna, y con ganas de hacer algo por sus paisanos. Pero algo apoteósico. ¿Existen hoy tales personajes? Haberlos, haylos, aunque no tengan necesariamente que provenir del otro lado del charco. Sin ir más lejos, este periódico ha informado en estos días sobre una donación anónima de 500.000 euros que contribuirá a levantar una iglesia en el barrio de La Lastra. Siempre habrá quienes se pregunten si tiene sentido tiene levantar nuevas iglesias cuando apenas hay ya sacerdotes, pero la fe no se rige por la estadística, ni siquiera por la contabilidad, sino por la gracia.
Volvamos a nuestro hipotético indiano, imaginemos que retorna nonagenario, tras haber fundado por esos mundos un imperio ciclópeo en dólares, y que no tiene con quién gastárselos, ni en qué. Pues aquí estamos nosotros, sus paisanos, para darle ideas. No obstante, como tampoco es bueno ir repartiendo dinero a voleo, lo mejor sería que se marcase unas pautas, para saber los demás a qué atenernos: «Es mi voluntad que se reparta un millón de euros entre todos los leoneses que vivan en la calle Sampiro, en la que pasé mi feliz infancia, antes de convertirme en el Ciudadano Kane». Que dicha calle sea también la de quien esto escribe es ahora lo de menos, alguna tenía que poner de ejemplo. Dado que no podemos saber cuándo regresará, esperarle sentados es hoy un lujo que no podemos permitirnos, no vaya después a pasar de largo, como Mister Marshall, y se decante no por su tierra de nacimiento sino por la de su madre, que era de Valladolid. Por ello, parafraseando al clásico, cuando llegue que nos pille trabajando. O al menos, mandando currículos. Soñar es gratis, pero quedarte en la cama puede costarte muy caro.
«Ya, ya, pero ni siquiera hay suficiente América para tanta donación como aquí sería necesaria», apostillará algún escéptico. Cierto. Pero no todas las esperas conllevan tener la mirada puesta en una tierra lejana. Miremos cerca, alrededor. Nuestra fraternidad es también riqueza. ¿Seremos capaces? El indiano somos todos. Ni siquiera para regresar hay antes que haber partido.