Diario de León
Cristina Fanjul
León

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La muerte no se pudo evitar, pero eso no hace menos grave la actitud de quien tira la piedra y esconde la mano, de quien en más de una ocasión ha denegado el socorro y ahora se pone de perfil, que tanto monta monta tanto, el PSOE como el PP en este caso, que aún recuerdo la advertencia de Rodríguez Picallo allá por el 2009. Tampoco se salva el alcalde, que estará farfullando una excusa en tercera persona, que esa es su fórmula para evadirse de la responsabilidad, el yo hablando del ello, aunque ya saben que la especialidad del alcalde siempre es el razonamiento de la nada, el yo, mi, me conmigo, siempre en modo ex catedra, aunque la infalibilidad del cero siempre es el infinito y así llevamos tres años, dando vueltas en torno a un mismo eje, el suyo, en un viaje a ninguna parte cuyos paganos somos todos. Ahí están las tres instituciones, echándose en cara que ninguna cumple con su obligación, marcando la frontera de su competencia, que no encorcheto el prefijo ‘in’ porque resultaría demasiado simple, y para eso ha estado la rueda de prensa del alcalde.

Así que, ya ven, de un lado nosotros pagando impuestos, por otro, ellos, tirándose argumentos falaces para distraer la atencion. No hay dinero para apagar el fuego, pero podemos pagar cifras millonarias a un conocido para guardar escobas con dinero de los vecinos, por poner un ejemplo. Y así nos va, en esta sombra de democracia que nos dieron para hacernos creer que podíamos salir de la cueva.

Todo es una gran mascarada con la que pretenden convencernos de que —ahora que acabamos de poner fin al Carnaval, ahora que llega la Cuaresma y en breve la pasión, ahora que la mayoría se quedará tirado camino al Calvario— los hay inocentes. Inocentes, como el hombre fallecido en La Bañeza, una muerte que tal vez era irrevocable en las actuales circunstancias pero que es muy demostrativa de lo que supone el gran juego del poder: los políticos utilizando a los ciudadanos como rehenes frente a sus adversarios.

La diferencia entre ayer y hoy es la demagogia de unos, la iniquidad de otros y la cobardía de los demás, eso y un hombre muerto que unos, otros y los demás se echarán en cara para limpiar su conciencia y sacar rédito. Sólo queda organizarse a calderadas para apagar los fuegos. Eso, o hacer de Prometeo, aunque habrá que rifar quién pone las tripas para que los cuervos hagan el resto.

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