CRÓNICAS BERCIANAS
Los números berran
Y o de números siempre anduve bastante pez. Por eso no escondo cierto resquemor hacia las matemáticas que me empuja a empatizar casi con cualquiera capaz de sodomizar su sagrada etiqueta de ciencia exacta. Eso lo hacen maravillosamente los políticos, seguidos de cerca por los periodistas en este campo. A cualquier Torquemada partidario que se precie no se le resiste en una noche electoral ni un guarismo, ni un porcentaje para acabar demostrando que aún sin ganar del todo, su formación tampoco ha perdido nada. ¡Que se lo cuenten si no estos días al en el fondo bien intencionado Mariano con el análisis de sus declaraciones de la renta!
Sin ir tan lejos, el portavoz del PP en la capital de la Costa del Sil nos ha hecho titubear esta semana a propósito de si 12 son más que 13 o viceversa. El edil popular cree que 12 son más que 13 para gobernar. Pero ocho socialistas y cinco independientes son definitivamente más para incordiar. Reiner Cortés teme en el fondo que la suma sea igual a una moción de censura. Pero cualquier ignorante matemático como el que suscribe se daría cuenta de que no es fácil sumar setas y rolex. Es probable que Riesco no sepa o no pueda gobernar mejor, pero la comunión de intereses tan dispares entre socialistas e independientes en una posición ejecutiva se antoja hoy como un desastre casi seguro para la ciudadanía.
Con la livianidad literaria con la que Dan Brown maneja la sucesión de Fibonacci para conducir a los protagonistas de sus novelas hacia el Grial, lo mismo puede sospecharse de la exactitud del escrutinio de los porcentajes de adhesión en la última asamblea para renovar la dirección del PP berciano que ahora comandan Velasco y Arias. El setenta y pico por ciento de votos a favor del tándem isabelista solapa en realidad una notable escalada de desafección hacia los postulados oficialistas por el momento, acaso, no demasiado peligrosa. De hecho, la adición de fuerzas de última hora en el Azul de Montearenas derivará en una resta inquietante en el consistorio de la capital de la península del Boeza.
Mi último profesor de matemáticas en el «Gil» me aprobó con un 4,5 porque creía que sería un buen periodista. Mi madre piensa que atinó. Habrá quien dé gracias al cielo porque al buen hombre no le llamara la vocación por la senda de la oftalmología.