PANORAMA
Curso a distancia
Nuestros acreditados ladrones, cuya enumeración excedería el tamaño de este artículo, tiene aún mucho que aprender. Aunque les llamemos presuntos, sus fechorías andan en lenguas de la gente y son comentadas no solo por las víctimas, sino por los cómplices que les reprochan su impericia.
Robar bien, sin dejar huellas más que autógrafos en los cheques bancarios, es algo que no se improvisa. Algunos de nuestros millonarios, de diversas siglas, no saben hacerlo y deben aprender la asignatura gratuíta que les acaba de impartir Bélgica, madre y maestra. Sin disparar un solo tiro, para que no saliera por la culata alguno de ellos, ocho enmascarados armados con metralletas robaron 120 paquetes con diamantes en el aeropuerto de la capital belga. Lo hicieron a pie de pista, pero sin dejar ninguna, el provechoso atraco, valorado en 37 millones de euros, solo requirió una jornada extra de cinco minutos.
Debieron aprender la silenciosa lección nuestros ladrones, que siempren andan metidos en líos, aprovechando que la Justicia entre nosotros es más «lenta que un diccionario abierto por la palabra tortuga». Lo que aquí exige complicidades y encubrimientos y provoca acuerdos bancarios sinuosos y sobresaltos en los partidos políticos, alló lo han resuelto en un santiamén y sin derramar una gota de sangre. Sería una insensatez que quienes no han robado el sueño de la llamada ‘sociedad del bienestar’, que siempre ha tenido las localidades numeradas pero que permitía la asistencia del público hasta completar el aforo, no aprovechara la lección.
Es de temer que ladrones nativos desperdicien esta lección europea porque la mitad de ellos no van a clase y la otra mitad no tiene la menor clase y creen que ya lo saben todo. Carecen de humildad. Si fueran más inteligentes sabrían admirar a los que, en vez de tomar minuciosas notas de sus aritméticos latrocinios, los han hecho de una sola tacada, a pie de avión, en cinco minutos y sin molestar al pasaje.