AL TRASLUZ
Defensa del perdedor
El rector de la Universidad de León dirigió hace días a los alumnos de los últimos cursos del Colegio Peñacorada esta advertencia: «Ser el segundo en algo es como ser el primero en los perdedores». Uf, no pretendo dar lecciones de pedagogía a quien sabe más que yo, pero si a mí en COU me espetan una frase así abandono los libros y me tiro al monte. Demasiada presión. ¿Ser el segundo en algo es como ser el primero de los perdedores? Hasta el agente 007 tiene seis números por delante. Doy por hecho que Hermida desarrolló su contundente afirmación, pero leída en un periódico como cita entrecomillada suena a una de esas soflamas que se le espeta a los marines antes de mandarles a invadir algo, y que son contestadas al unísono: «señor, sí, señor». Además, ser el segundo tampoco está mal. Ahí tienen al Barça, el segundo mejor equipo del mundo y saca pecho como si fuese el primero. A muchos tampoco nos hubiese importado obtener esta semana un segundo premio de la lotería. O haber sido el segundo novio de Rachel Welch. ¿Y el tercero? Eso ya no… la vocación de postre, para el pomelo.
El rector tiene razón en cuanto a la importancia de que los estudiantes busquen siempre la excelencia, tanto en su vida personal como en la profesional, y más en estos tiempos en los que parece primar la banalidad, pero expresado con tanta rotundidad le quedó una frase lapidaria, digna de Harry el Sucio. Obtener un sobresaliente es estupendo, pero tampoco hay que llamarle perdedor al que saca un humilde notable.
En lo que sí hemos de estar todos de acuerdo es en que no son tiempos apropiados para ir sin verdadera voluntad de aprendizaje a la universidad, sólo para lograr una titulación o matar el rato en la cafetería. Los estudios superiores no pueden ser deslindados del compromiso ético con el saber, que consiste en mucho más que amontonar matrículas. Ha de aprenderse para los demás, no solo para uno mismo. Algunos de quienes nos han metido en esta crisis terrible son lumbreras con máster. Los más listos de su clase, los primeros. Y ante ellos y sus comportamientos me quedo con los segundos, con los perdedores del notable, incluso del aprobado raspado. Estoy seguro de que el rector, visto así, también.