Diario de León
Luis Urdiales
León

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En León se le echa la oración a san Antonio, en contra de esa manía que les ha entrado a los políticos — Marqués o Valderas, por no divagar— de dar la matraca en las Cortes de Valladolid con los extravíos de aquí. Por experiencia, la mediación del santo de Padua resulta infinitamente más efectiva que el tengo una pregunta para usted de los martes, los que no sean de agosto, navideños o fiestas de guardar. Ayer fue martes, y Villanueva, por cinco mil euros al mes, o más, bombardea con fechas sobre el final de la penitencia que le puso el PP al carbón leonés.

Las preguntas que hacen sus señorías para justificar su nivel de ingresos acaban en la misma ciénaga que decía Llorente, cuando Alfonso Guerra citaba a los socialistas sin carné en los mítines junto a El Toralín de Ponferrada, donde iban las mociones sobre la guerra de Irak, la ley de igualdad de Bibiana Aído o la lucha contra la corrupción: del Palacio de los Guzmanes al cruce del alcantarillado de Mansilla con el Esla.

Desconozco a dónde llevan los colectores cuando los de Valladolid tiran de la cadena, y no voy a levantarme a mirarlo, ni tengo a nadie al lado con conocimientos en saneamiento urbano de la provincia castellana que me lo diga, pero todo lo parlado en la cámara que dicen regional en, digamos, los últimos 25 años no pasa de aquella estación de aguas residuales.

Si a los consejeros del coche eléctrico, de los incendios, del transporte a la demanda, de los corzos infectados, de la televisión terrestre sin señal, de los pacientes sin atención oncológica o de la tierra de pavor les devolvieran en euros cada fonema con el que pronuncian carbón, bomberos, pueblos con servicios, brucelosis o patatas en las sesiones plenarias, se moverían con un ejército de contables al lado, en vez de financiar con dinero público gabinetes de presa y tanto perrodista.

Cualquier día van y cambian el repertorio; hasta entonces, se toca la misma, como si hubiera gente nueva. Ayer se abrió ese mausoleo donde tampoco coincide lo que costó con lo que vale, y se mantiene la partitura que interpretó la orquesta el día que dejaron de ir Espadas o López Trigal. De primero, ordenación del territorio; de segundo, minería. Y de postre, una macedonia de asistencia social y educación. A expensas de que a Cardo se le ocurra pedir otra vez la cuenta y, al menos, bailen la jota.

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