AL TRASLUZ
Aprendiendo a ligar
El Ayuntamiento de Villaquilambre está impartiendo un curso para enseñar a los jóvenes a ligar. Algo así como un todo aquello que siempre quisiste saber pero nunca te atreviste a preguntar.
En esto del ligue también hay estilos y cada maestrillo tiene su librillo. «Me llamo Robustiano José, ¿mi nombre puede espantar a las chicas?. Respuesta: «Mejor di que te llamas Pepe».
«Tengo siete piercings en la lengua ¿puedo besar a tornillo?». Respuesta: «Sí, pero lleva siempre contigo un botiquín».
Para mi generación, ligar fue un verbo de difícil declinación: Yo no ligo, tú tampoco ligas, él nunca liga… ni siquiera con cola arábiga… Era algo así como el desembarco de Normandía de nuestro valor, caíamos como moscas en las playas del ¿estudias o trabajas? Pero lo importante era y sigue siendo no ganar una batalla sino la guerra, en la que no cabe más que la mutua victoria.
El amor debería ser una asignatura obligatoria ya desde los primeros cursos del colegio, tanto como Matemáticas o Lengua. ¿Quién te prepara para soportar un adiós inesperado? ¿Y para perdonar? ¿Y para renacer?
Dado el porcentaje de parejas que terminan separándose está claro que lo difícil no es ligar sino permanecer ligados, no a través del mero hábito sino del sentimiento diario. Enseñemos amor a los jóvenes, materia más extensa que la importante educación sexual. Por cierto, no hay nadie que sepa menos de mujeres que un ligón. En estos asuntos, es más fiable el consejo del perdedor. Ligar tiene sus truquillos, sus ases en la manga; amar, en cambio, no puede tenerlos está vinculado a tu verdad. Me atrevo a sugerir que la primera lección sea hacerles comprender que ligar no es un acto ajeno a la ética
En España, en asuntos de seducción se ha pasado de admirar a Julio Iglesias a Paquirrín. Uff. Quién sabe, quizá con esto de la crisis se regrese al método antiguo, al laúd, a la escalinata en la torre, al piropo en pareado… Todo menos volver al landismo.
En plena crisis, en medio de la adversidad, muchos de los padres de los aprendices estarán reafirmándose en su amor, aquel que empezó con un socorrido «¿bailas?». Y hoy sigue en pie en medio de la tormenta, que puede arrastrarlo consigo todo salvo lo esencial.