HOJAS DE CHOPO
Paciencia
Paro. Corrupción. Políticos y partidos. En la semana que está a punto de acabar, tan cargada de noticias y sobresaltos, el último Barómetro nos dejó las tres preocupaciones esenciales de los españoles. En el orden que marcan los tres primeros puntos de este párrafo. El pueblo habla con claridad y transparencia, inequívocamente.
El problema no es la primera constatación, sino la insensibilidad con que los responsables parecen afrontar el problema del paro, que ha superado la cifra de los cinco millones. Dramático. A pesar de quienes tenían la pócima mágica para todo en la chistera, seguramente perdida, o disimulada fertilizando este país para el permanente disparate público. En el caso de León, el tema de la minería parece estar poniendo las últimas puntalas para su enterramiento definitivo. O muy cercano. Uno de los tradicionales sustentos de nuestra economía está a punto de seguir la senda de otras desapariciones, que convierten a esta provincia, dicen, en una reserva, aunque, digo, ni siquiera se sabe de qué.
El mismo día en que se conoce el dato, que convierte un poco más las debilísimas esperanzas en tristezas y desencantos, nadie sale a dar ninguna explicación, a pesar de ser lunes. Sólo uno, despistado, que no sabe muy bien, al parecer, de qué va la vaina, recurre a la paciencia. ¿Paciencia? ¿Acaso no ha entendido que en la paciencia prolongada se va la vida y que sólo tenemos una para poder despreciarla de esta manera? Definitivamente, juegan en otro campo. Y al despiste. Mientras, los socialistas ni están ni se les espera. Anclados en ideas y lenguajes decimonónicos y llenos de contradicciones también, se amarran a la teta del presente para no dejarla en el futuro. ¡Qué desfachatez! Y el caso es que muchos economistas, muchas voces autorizadas en el mundo afirman con rotundidad que las políticas de austeridad están imponiendo dolores y sacrificios innecesarios. Pero desde el poder y sus círculos prefieren el ruido de la lluvia tras los cristales. Muy machadiano, pero muy jodido.
Uno está convencido de que la ola de escándalos tiene que ver con la acumulación de poder, aunque no sea matemático ni sólo en los círculos que lo ejercen directamente. Y es que la crisis no puede justificar todo. Sería una inmoralidad.
Para desviar la atención de lo que realmente ocurre, el Ministro de Hacienda —¿será verdad que «Hacienda somos todos»?— apunta con el arcabuz de la amenaza y el miedo a todo lo que se mueve. Y ya se sabe, el que se mueve no sale en la foto. En este país de miedos y sobresaltos, el pensamiento único, que es una forma inequívoca de debilidad, es también extremadamente peligroso. Acaban con nuestra paciencia quienes nos aconsejan su ejercicio.