Diario de León
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Hay que ver! ¡Hay que ver!», se hacía cruces una ciudadana en el medio del salón del reino de la Costa del Sil, mascullando su incredulidad y su indignación, como hipnotizada frente a la consumación de la moción de censura entre los socialistas de Folgueral y los independentistas de Ismael Álvarez. Era un «¡Hay que ver!» con un timbre de presente inmediato, pero anclado en hechos y circunstancias pretéritas que atañen directamente a los nuevos gobernantes y también a los censurados. Lo que acaeció ayer en la asamblea ponferradina era, sin embargo, algo cantado desde el minuto uno después de la oficialización de la presentación de la moción. Riesco y los suyos comprendieron directamente, vía telefónica, casi con la misma certidumbre de que no encontrarían respaldo alguno entre los «suyos», que no surgiría ningún «pentito» entre los firmantes.

Pero el «Hay que ver» que ha de entonar ya la mayoría de la ciudadanía, más allá de la crispación ideológica que la nueva alianza desate, debe poseer un tono de futuro aunque sea trufado de inquietud. Porque lo que hay que ver ahora es si es cierto que el nuevo ejecutivo es capaz de sostener el Ayuntamiento sin una mínima vuelta de tuerca más a la presión impositiva. Hay que ver si además del Mundial de Ciclismo salen adelante proyectos, si no el de la estación de montaña del Morredero, el de la transformación del Pajariel como gran parque natural de esparcimiento. Hay que ver si se desbloquean en la Junta de Castilla y León los proyectos de soterramiento del Canal en la zona alta de la ciudad o del Camino del Francés en Cuatrovientos. Hay que ver si el ajuste imprescindible del plan de ahorro que deben incluir los presupuestos del 2013 no pone en jaque la estabilidad social de la plantilla municipal o si más allá, fobias inconfesables incluidas, se aprieta tanto el pescuezo a los servicios externalizados que las concesionarias no tienen que terminar estrangulando a parte de sus operarios. Hay que ver si se logra paralizar desde el consistorio el desmantelamiento del campus o de otro lado la regeneración del pequeño pero vital tejido empresarial y comercial. Hay que ver que ver si realmente la gestión de los egos y de los intereses —a nadie se le oculta que bastante divergentes entre los recién aliados— no desemboca en el colapso de algunas actuaciones capitales para los ponferradinos. Ojalá que no. Veremos.

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