Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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Algunos dirigentes del PP está perdiendo los nervios, pero ninguno está dispuesto a perder dinero. Aunque el incendio se propague y las llamas estén en las butacas del patio hay que mantener la calma y para apaciguar las cosas nada mejor que unos buenos intermediarios de toda confianza o de buena parte de ella.

En los círculos viciosos bien informados se habla del acierto del señor Bárcenas en la elección de sus mediadores: Arenas, Michavila y De la Serna. Entre los tres se sospecha que caben a más de un gafe o por lo menos de un manzanillo, aunque ninguno llegue a la terrible categoría de sotanoide, que tampoco hay que exagerar.

¿Por qué necesita Bárcenas mediadores entre él y Rajoy? ¿No será al revés? Don Luis es un hombre de suerte. Quizá algo jactancioso para inequívocamente amado por los volubles dioses que rigen el azar. Lo que pasa es que la envidia es muy mala y ahora cunde el miedo a que algunos irreprochables personajes que no se llevaron nunca nada confirmen que recibían pagos en negro.

No habría que tirar de la manta hasta no averiguar si es corta por las dos puntas. El propio Rajoy ha apelado a la ley tributaria para no desvelar la lista de defraudadores amnistiados, aunque proclame que estudia vías para publicar la relación completa de los mayores incumplidores y morosos con Hacienda. No es cierto eso que se repite tanto de que la ley no es igual para todos: por lo menos lo es para todos los pobres.

Debiéramos congratularnos ante el hecho de que nuestros millonarios más impúdicos no vuelvan a su antigua condición. Para eso están los mediadores.

Ellos salvarán a Bárcenas demostrando su inocencia. También demostrarán que esa señora llamada Ana Gallart es hija de Juan March y por eso, no por tener el gusto de conocerle, ha conseguido la exhumación de sus restos.

Si se confirma que el banquero fue su papá, se confirmará una vez más que el dinero es irrefutable.

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