CRÓNICAS BERCIANAS
La montonera
Las montoneras en términos guerrilleros son otra cosa, un movimiento que quizás haya que resucitar en este país tal y como está el panorama político. Las montoneras, en el argot ciclista tan de moda en Ponferrada desde que fuese elegida sede del Mundial 2014, son esas enormes pilas de corredores desbarajustados por el suelo, unos sobre otros entrecruzados, que se produce por la simple colisión en cadena tal vez de dos tubulares o de dos escalapiés... La gran montonera nacional ha tenido como escenario el pavés de la plaza del Ayuntamiento de la capital de la Costa del Sil y aún no se sabe bien como saldrán parados de aquí a unas fechas la legión que se ha visto implicada en la misma.
Los que estaban más vivos, los autores de la moción, Samuel Folgueral e Ismael Álvarez, resistirán aparentemente dos años al frente del consistorio. Pero parecen emerger cadavéricos entre la montonera de falsas conciencias que se agitan en los grandes partidos y en la sociedad. Esta claro que al ex-ex alcalde de Ponferrada, más allá de la Costa del Sil, se le negará siempre el derecho a reinsertarse y que donde la ley impide juzgar dos veces a una persona por el mismo delito se le aplicará ad eternum el Código de Hammurabi del PP y del PSOE. Van a estar siempre vigilantes para que si a IAP o a un sucedáneo le diera por llegar a crear una formación incluso de rango extramunicipal no pueda ser llave de ningún ejecutivo local, comarcal o provincial. Bajo esa misma consigna de supervigilancia político-mediática y marcado por la tesis Zarrías, aunque Folgueral cuente con el apoyo «personal» de un sector del socialismo comarcano y provincial, no podrá volver a presentarse jamás a la alcaldía de Ponferrada tras las siglas del PSOE en tanto Rubalcaba, Chacón, Valenciano o López no acaben devorados por su propia estulticia e incompetencia.
Como Riesco ya era un zombi en su propio partido de cara al 2015 y tal vez tenía amortizada la pérdida del bastón desde que el 25 de febrero se comenzara a fraguar la montonera su futuro presenta casi el mismo color macilento, estrangulado por sus némesis particulares. Sus acólitos y los de Álvarez comparten al fin un mismo y pobre retrogusto. Ismael, víctima de sus errores y del acoso total del PSOE en el 2002, en pos de la crisma de su sucesor se ha llevado por delante la poca credibilidad que le restaba al socialismo patrio y a su alopécico ideólogo.