Diario de León

DESDE MI PALOMAR por JOSÉ LUIS PRADA

La Batalla de Ponferrada

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León

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Lo tenía pendiente… hoy viernes, siete días después del ataque con todos los efectivos disponibles del ejército invasor y después del asedio inmisericorde al que fue sometido el edificio del Ayuntamiento de Ponferrada, al equipo gestor que tenía la responsabilidad de su defensa por mandato estricto del pueblo, no le quedó más remedio que abdicar de sus funciones y entregar la plaza a las fuerzas invasoras integradas por la alianza de dos ejércitos que siempre habían sido antagónicos y dispares entre sí, pero que ante la posibilidad de poseer, dominar y mandar en el edificio de la plaza Mayor de Ponferrada no se anduvieron con hostias; era demasiado apetecible el botín para dejarlo escapar por cuestión de ideología o ética… cerraron los ojos y los oídos… y… pactaron… fraguándose así «La Santa Alianza» con el único y exclusivo fin del asalto y conquista del Ayuntamiento de Ponferrada…

La estrategia a emplear para conseguir una victoria rápida, contundente y definitiva, la marcaron los dos capitanes de las fuerzas «aliadas» invasoras, por supuesto, con el beneplácito y visto bueno de sus estados mayores centrales… que vieron en ese movimiento una ocasión única para conseguir aquella plaza fuerte, inexpugnable, que era Ponferrada, ubicada en el noroeste de la Península, allá en el occidente de León, en El Bierzo… Todos los movimientos preliminares fueron seguidos desde la retaguardia con sigilo y atención suma por todos los mandos, desde el sargento de tropa hasta el capitán general, allá en la capital del Reino… Todos, pero sobre todo, ese Estado Mayor atizaba y daba su aliento a aquella «Santa Alianza» en espera de que una vez conquistada Ponferrada, sacar pecho y sumarse al carro de los vencedores…

Nadie pensó, ni por lo más remoto, que aquel contubernio gestado y parido contra natura, con unos intereses particulares de cada «cuerpo de ejército» y con unos intereses ocultos sibilinos que primaban en el Estado Mayor Central, podían dañar hasta lo indecible la imagen y la credibilidad del Fortín a conquistar…

No vieron o no quisieron ver que Ponferrada pese al deterioro en el que está sumida toda España y pese al trago amargo por el que pasa El Bierzo aún seguía… estaba ahí, aguantando y manteniendo el tipo con dignidad... Y siendo el portaestandarte del que presumimos en nuestra región…

Todo salió como se esperaba, se cumplió y se llevó a cabo todo el plan previsto hasta las últimas consecuencias, pero… como decía antes, ninguno de ellos pensó que detrás de esa «gloriosa» conquista hay hombres, mujeres y niños que no entienden que «su» Ponferrada esté en la boca y en la mente de toda España que pone en entredicho la salud mental de los ponferradinos y de los bercianos… Ante este cúmulo de despropósitos en los que estamos inmersos, como ponferradinos, como bercianos, no podemos menos que rebelarnos ante una situación tan injusta a la cual somos ajenos por culpa de una estrategia planificada erróneamente desde el principio hasta su desenlace, por dos ejércitos unidos temporalmente para conseguir sus propósitos, poniendo como argumento y bandera de su desproporcionado ataque la defensa de los ciudadanos para «protegerlos de los dirigentes incapaces y malvados que nos estaban gobernando»… ¿?¿? Siempre ha sido así… las invasiones y las conquistas tienen que sustentarse y enmascararse en mentiras y en falsas promesas de felicidad hacia el pueblo conquistado.

La guerra empezó. La primera batalla, la llamada «Batalla de Ponferrada», la ganaron las fuerzas invasoras... Pero lo que no saben éstas, es que la última palabra la tiene un pueblo, que hasta ahora siempre asumía impasible las directices del poder, pero que ya está hasta los mismísimos cojones de la mentira, la falacia, el egoísmo sin límites y las ansias de poder de una clase política que no está a la altura y que se vende al mejor postor... La guerra continúa....

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