Diario de León

LA VELETA

El gran pecado de la transición

Fernando Jáuregui

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Vamos descubriendo, por si no lo habíamos hecho ya, que la transición de la dictadura a la democracia, que duró bastante más de lo que se cree, ni fue tan ejemplar y modélica como pensábamos, ni ha cerrado aún todos sus flecos. Muchas de las historias de corrupción que ahora salen a la luz, para escándalo de quienes ya deberíamos estar algo más avisados, tienen su raíz en la financiación de los partidos, asignatura pendiente, gran pecado, de aquellos años azarosos. Los casos Naseiro, Filesa, Flick, fueron momentos puntuales de un proceso lleno de irregularidades, en el que los nacientes partidos ni se financiaban a través de las cuotas de los militantes ni mostraban la transparencia debida a la inspección: de hecho, aún a comienzos de los años dos mil el Tribunal de Cuentas denunciaba, con notable retraso, que la mayor parte de la financiación de los partidos políticos españoles provenía o de donaciones anónimas o de donaciones de los ayuntamientos (obviamente, vía recalificaciones). De aquellos polvos, políticos y también sindicales, vienen muchos de estos lodos.

Porque ya hemos visto que el caso Bárcenas tiene sus orígenes en una financiación del PP que jamás fue como debía, y que algunos de los tesoreros anteriores a éste, como Alvaro Lapuerta y Angel Sanchís, acaso tuvieron que recurrir a vías extraordinarias para poder pagar los gastos descontrolados del partido

Ahora que entramos en lo que podríamos llamar casi una segunda transición, no queda otro remedio que hacer una especie de causa general contra los modos y medios con los que algunos partidos, algunos sindicatos, algunas corporaciones locales, alguna institución y algunas autonomías se financiaron.

Debo decir que me parece saludable esta revisión a fondo de un pasado nunca del todo bien explicado, y que conste que no quisiera dar la sensación de que equiparo unas cosas con otras. Pero es precisa esta vuelta de tuerca, plena de condenas y de investigaciones generalizadas, porque, como se sabe, la historia hay que conocerla para no repetirla. Y me gustaría pensar que esta segunda transición nace sin hipotecas, sin cuentas bancarias en el extranjero sin explicar, sin arrastrar viejas deudas de esos ERE con los que se estafó a quienes más ayuda necesitaban, sin que cunda la sensación en la ciudadanía, cada día más consciente de que quiere ser gobernada de otra manera, de que nuestros representantes están abusando, como sin duda, abusaron, de nosotros. Y que en este ajuste de cuentas con la historia caiga quien caiga, por supuesto.

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