HOJAS DE CHOPO
De Bruselas a Llombera
Estamos gobernados por prejuicios y sin juicio sereno que nos guíe. Sea cual sea el desenlace en Chipre, se erige como un ejemplo para tener en cuenta la pérdida de cordura de una Europa que entra en cualquier espacio pisoteando la dignidad. El auténtico europeísmo reclama la Europa de los ciudadanos, no la Europa que, como la niebla, se filtra en todos los rincones, desde Bruselas a Llombera, por señalar un espacio cercano y de afecto, marcando las soluciones, casi siempre económicas pero insensatas, de unas causas en que los ciudadanos no tenemos ni voz ni voto. Ni, por tanto, culpa. Los desajustes suelen provocarlos los poderosos y quienes no tienen pudor ni escrúpulos. Y así nos va, hasta el punto de que uno pueda preguntarse, supongo que legítimamente, si, vista la laberíntica situación chipriota, que se convierte en antecedente, se está produciendo un intento de legalizar el robo. Aunque sea, o pretenda ser, de guante blanco, tan peligroso siempre.
Sé que alguien contestaría insinuando el tópico de que de esta crisis saldremos fortalecidos. Siendo como soy optimista, pienso, desgraciadamente, que padecerán esta crisis dos o tres generaciones más al menos, que vivirán en los umbrales del miedo que todos padecemos ahora y que, además, harán un largo viaje de regreso a los tiempos de carencias y falta del bienestar conseguido. ¿Recuerdan que en 1998 nos dijeron que la ley del suelo abarataría la vivienda? Ahora hablan de la fortaleza a la salida de la crisis. Creo que si la primera apreciación no fue, ni mucho menos, correcta, tampoco lo será la segunda. Nos hará más vulnerables porque estamos padeciendo una catarata de pérdida de derechos, sancionados, eso sí, por una voluntad, tanto nacional como supranacional, llena de palabrerías, tópicos y eufemismos.
Recuerdo la alegría con que se saludó en muchos municipios leoneses la incorporación a Europa. Grandes vallas con las estrellas de la Comunidad y la leyenda «Somos un municipio europeo». Costoso e innecesario. Es verdad que Europa inyectó un auténtico chorro de dinero que puso alas a nuestra mejora y modernización. Es verdad que Europa es nuestro espacio natural, dicho desde mi profunda convicción europeísta. Pero no a cualquier precio, no en una Europa, manejada y manipulada por Alemania y Merkel, que ha sustituido el concepto de «ciudadanos» por el de «intereses» como referencia esencial.
Europa está gobernando a golpe de imposiciones, algunas con huellas notables en León. En un país como el nuestro, que tiene triplicadas, o más, las administraciones, no se entiende esta cadena de mandamases y pleitesías. Posiblemente haya que iniciar los ajustes por ahí. La Europa de la austeridad, de la dura austeridad que siempre pagan los más débiles, tiene tela para confeccionar más trajes.