AQUÍ TE ESPERO
Algunas mejoras
Realizar obras o arreglos que supongan mejoras para la normal vida de los ciudadanos es uno de los deberes básicos de un ayuntamiento. Sé que no estamos en el mejor momento para pedir que se hagan obras, aunque sean necesarias o imprescindibles como el asfaltado (todavía hace demasiado frío, hay heladas y se escapa la nieve como para que pida el arreglo de calzadas que de llevarse a cabo no duraría demasiado) por lo que esperaré a que mejore el tiempo, aunque en la mente de todos están los nombres de calles que necesitan el arreglo ya.
Pero mientras esperamos que deje de llover y de hacer frío se puede ir pensando en otro tipo de arreglos viarios, o mejoras, que serían de agradecer y cuyo costo es ínfimo en comparación con el gran beneficio que supondrá para los peatones.
Son muchas las veces que aquí he escrito sobre lo mal que se enlosan las aceras en nuestra ciudad. Parece como si los obreros que realizan estas tareas no supieran que existe una herramienta llamada nivel y al obviarla es imposible que salga bien su trabajo, por aquello de que lo hacen a ojo y así es imposible igualar bien la base sobre la que colocar las baldosas. El hecho de no mirar la burbuja del nivel (la otra, la inmobiliaria, la contemplamos a diario en las fachadas de los edificios) propicia que existan desniveles en el enlosado y la mala colocación de las baldosas, sin rellenar las juntas entre ellas facilita que se muevan y, por consiguiente, se rompan. Pues bien, algo tan elemental no se realiza en los suelos de nuestras calles. El último ejemplo lo tenemos en Álvaro López Núñez, en el tramo arreglado por Feve junto al colegio de los Maristas. Hay algunas baldosas que se mueven y si están así ahora ya saben cómo estarán dentro de poco: rotas, con el consiguiente peligro y la posibilidad de que no haya otras iguales para sustituirlas.
Pero con ser necesaria esa reparación de una obra que está inacabada, también se hace imprescindible rellenar los intersticios que existen entre baldosas o entre losas, como en el suelo cercano al caño del Espolón. Hay un trozo arreglado hace muchos años que tiene encementados los espacios entre las piedras o losas pero luego se hizo el resto y no se ocuparon de dejarlo igual, así que es difícil andar por allí, con el consiguiente peligro para los zapatos de tacón fino. Encementar las juntas de esa acera no cuesta tanto y se evitan caídas y percances. Lo de rellenar los huecos entre adoquines de la totalidad de las calles del casco antiguo sería para nota. Ya ven que se pueden hacer cosas sin gastar mucho dinero y que beneficien a los ciudadanos de a pie.