LA VELETA
Los paganos de la crisis
¿De verdad hay alguien que sabe cuando vamos a salir de la crisis? ¿Podemos dar por buenas las vaguedades, seguramente bienintencionadas, que escuchamos en boca de algunos ministros? Todo induce a pensar que no. Que nadie sabe (ni Rajoy, ni el ministro de Guindos) cuando vamos a dejar atrás la recesión, el cierre de empresas y la pérdida de más empleos. Llevamos así mucho tiempo y lo único que escuchamos decir es que tarde o temprano rendirán fruto las medidas del Gobierno —en esencia una reforma laboral que al abaratarlo, facilita el despido—, pero los hechos desmienten los pronósticos. En realidad nada indica que estemos en puertas de una reanimación de la economía. El número de parados se acerca a los seis millones, el 26% de la población activa.
La clave de reactivación de la economía no la tiene el Gobierno. No es el Ejecutivo quien crea puestos de trabajo. Podría, claro está, crear más puestos de funcionarios, pero no es el caso. El empleo lo crean los empresarios, pero para ello necesitan acudir al crédito y ahí es donde está el problema porque los bancos y sobre todo las cajas siguen convalecientes, lamiéndose las heridas provocadas por el hundimiento del ladrillo. Hasta que no den salida a todos los activos tóxicos —que son muchos— no estarán en condiciones de volver a su función clásica. Y ya se sabe que el crédito es la gasolina que mueve todo.
Mientras eso no suceda seguiremos en la fase de travesía del desierto. Con agravantes porque la escasa actividad económica priva al Estado de ingresos por la vía de los impuestos y el Gobierno, acuciado por la obligación de hacer frente a los vencimientos de los intereses de la deuda, aplica una política fiscal muy alejada del modelo liberal que predicaba antes de las elecciones. La crisis la sufrimos todos, pero hay que decirlo claramente: unos mucho más que otros. Los que más los seis millones de parados, pero también hay otros damnificados. El mayor peso de la carga fiscal recae sobre las clases medias. Apenas cinco millones de contribuyentes reales —en un país de 45 millones de ciudadanos— están aguantando el grueso de la carga fiscal que tiene ya estos días una cita con Hacienda. A los restantes, por diferentes circunstancias: edad, limitación de ingresos o grandes empresas por habilidad contable aplicada, la cosa les sale favorable. La pregunta es: siendo tan pocos, ¿cuánto tiempo podrán aguantar el peso de tantos? Aguantar sin decir ¡basta! y salir a la calle como tantos otros colectivos que han hecho de sus quejas la noticia con la que abren los telediarios.