Diario de León
Luis Urdiales
León

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Perderemos León como perdimos Elosúa, como cayó Hulleras, y se desmontó LM; y se atolló Vitro, y arrasaron el mejor tejido de producción láctea de España por cambiar cromos de aceite de oliva andaluz con la UE; igual que un día no despertó la minería. De la misma forma que están asfixiando a la Universidad, de León, de momento. ¿Por qué? ¿Por qué perdimos la batalla de Austerlitz? Porque nos dijimos temprano esa mañana que la batalla estaba perdida. Y se perdió. León Tolstoi acertó a resolver en Guerra y Paz cuestiones que atenazan el futuro de los escolares que ni han llegado a la ESO, de niños que aún están por venir.

Este pueblo que camina no da con la clave de la promisión, condenado a derrotas de antemano con los problemas al hombro, como quilmas de trigo a lomos de hambrientos. Y cada vez que se derrama la desgracia, corre hacia el patrón ajeno a buscar soluciones. Este es el destierro, la maldición bíblica, que en tres décadas explica la liquidación de cualquier sostén halagüeño en el territorio.

Perdemos Antibióticos porque aquella mañana nos levantamos temprano y nos dijimos que la batalla estaba perdida; y se le dio la defensa a Villanueva, que es como renunciar a un abogado. Extraordinaria la estrategia del consejero amigo del pueblo leonés —otra oenegé en expansión— de apropiarse desde las tribunas de los opulentos de los discursos que corresponden a los atribulados. Por un momento, pareció que era Néstor Santos el que respondía a las inquietudes del PSOE sobre lo que ha hecho la Junta por reanimar el fiambre de Armunia al relatar de carrerilla las fechorías empresariales, las perversiones laborales, la gestión vil que aboca a la ruina a más de doscientas familias leonesas. Otras doscientas más.

El consejero cronista regresó para hacer un relato pormenorizado de lo que habrá en Antibióticos, en un final previsible tras cuatro años de excesos en los que el patrón dio más que hablar en Sálvame que en Expansión , y agotar la última esperanza que le quedaba a los empleados. Si la autoridad económica habla como los sindicalistas en las asambleas, apaga y vámonos. De ese travestismo sabían los mineros, que rozaron la medicación después de que el superconsejero los alertara de que el PP conduce al caos. Por eso perdemos las batallas. La de Antibióticos, la del carbón, la de la dignidad.

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