Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

El pepito o la vida

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

D e pequeño tenía dos sueños recurrentes de precoz corte delictivo. En uno de ellos una bomba lanzada por un aeroplano fantasma caía frente a la iglesia de San Pedro, a cuya sombra se cobijaba una pequeña tienda de instrumentos musicales repleta también de juguetes en su escaparate, y sin que muriera nadie a mi me daba tiempo suficiente para acaparar todos los cachivaches infantiles esparcidos por la calle y que nunca me expliqué bien por qué habrían resistido incólumes la deflagración. En el segundo, un camión traspasaba por accidente la luna de una céntrica confitería ponferradina y las bandejas de bombas de crema, pepitos de chocolate y las cajas de bombones que excitaban la gula sobre los estantes salían volando por los aires y caían milagrosamente entre mis manos.

Los años setenta no eran tiempos de opulencia, pero tampoco de necesidad extrema. Aunque para ello fuera indispensable que tu viejo se deslomara doce horas diarias en los talleres de la Minero y acudiera a todos los descarrilamientos del mundo entre Ponferrada y Villablino. Cuando despertaba de aquellos sueños maravillosos lo que masticaba invariablemente era un mendrugo de remordimiento o de leve amargura que luego descubrí que era la definición sensorial de la moral o la cándida ética infantil que suelen acabar atropelladas fatalmente por las experiencias más hijaputas de la vida.

Cuarenta años después, en la situación más crítica social y económicamente que muchos hayamos vivido, medito sobre qué tipo de sueños se cobijarán entre las sábanas de los hijos de esa mujer a la que la policía de la capital de la Costa del Sil busca tras haber atracado el pasado fin de semana una confitería y a punta de cuchillo haberse llevado 200 euros y cuatro pasteles de chocolate para sus vástagos. Ignoro incluso si la mujer habrá anunciado a los chiquillos sus intenciones y si éstos habrán abrazado luego a su madre, tras haber consumado la «hazaña», entre orgullosos y aliviados.

Pero sobre todo me da rabia compartir con mucha gente la confusión de valores a la que nos empuja esta crisis que estrangula las necesidades más básicas y en medio de la cual ya no eres capaz de discernir con la claridad prístina de un niño entre quiénes son realmente los héroes y quiénes los villanos. Aunque la mayoría de nosotros querramos pensar que nunca llegaríamos a esos extremos.

tracking