Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tras la vida arrea el hambre y tras el hambre el ingenio... la historia dice que el pueblo que ingenia sale del trance mejor que el que se queda en rezar o maldecir... intelectus apretatus, discurrit que rabia , repite Sócrates... nada como la necesidad para engrasar ideas y ponerse a carburar.

Como vino primaverante y fresca la semana, Sócrates quiso atizarnos el ánimo abatido y nos llevó anteayer de paseo montesco antes del awiskecer (así dice Alfonso el de Pola) por unos cuestos próximos a Camposagrado, esos montes centenales un día y hoy baldíos, suelo tacaño con más morrillo que tierra, tomillar cenizo, urzal nazareno, tapete siberiano, alguna mata de roble, alguna encina carrasca... y en medio, una vallina que esconde un prodigio moribundo, la hazaña hercúlea de un anónimo paisano, la obra de un titán que el abandono y el tiempo tardarán en sepultar porque es la huella terca de alguien que, por soñarle mejor futuro a los suyos, se puso a remover tierras antes que a remover cielos... y a puro brazo lo hizo, escalonó las cuestas, plantó castaños, allanó la artesa del vallín, limpió la tierra de piedras y morrillos que usó para levantar una presa muy egipcia y retener las aguas de un pequeño arroyo de caudal ruin (pero leal) haciendo una lagunilla milagrosa e imposible en aquel pedregal en cuesta... y logró convertir un lugar de vegetación esteparia en huerta con cien árboles frutales... rió el agua sus cascabeles por acequias y reguerillas... y la pajarada se tomó todo aquello como un jardín frondoso... e impensable en unos cuestos que miraron siempre a la puerta del desierto.

Sócrates pidió perdón por acudir a este ejemplo... siempre que luce tiempo depresivo y falto de pecho, va hasta allí... o lo cuenta a menudo y cree que aburre... pero si se planta ante aquel fenomenal empeño y ve el prodigio de la voluntad, vuelve a creer en el hombre (aquel) y busca hoy con candil alguien parecido que sueñe a puro brazo en este árido cuesto en que nos tiene don Guindos... aunque, como en la gesta de Camposagrado, los hijos lo descuiden, los nietos lo desprecien y los biznietos se vean obligados a reaprovecharlo... tome nota, secretario, me dijo Sócrates.

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