Diario de León
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León

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T odos tenemos en nuestras casas o en las de nuestras madres un viejo armario en el que con el paso de los años, de las vicisitudes que han dejado huella en nuestras vidas, o incluso de los kilos, han ido apilando no se sabe bien cómo decenas de prendas en desuso. Cada cual relata una historia, guarda algún tipo de recuerdo o entraña algún propósito que las convierten en rehenes perpetuas de nuestras nostalgias a riesgo de provocar algún día el despanzurramiento de medio edificio. Cuando hurgas un poco entre esos retales, descubres una fórmula de cuello de cisne de la que no deseas desembarazarte porque te acompañó durante no sé cuantos inviernos al colegio; lo mismo que un «verdugo» marrón horrible con el que más que a clase parecía que ibas a atracar un banco, mudo por los mocos pegados a la lana. Y qué decir de aquella sudadera de Ucla con la que creías que no se te iba a resistir ni una en la vieja Caravel ; o de la camiseta apolillada del club de jazz del colegio mayor que evoca tus andanzas universitarias. Y aquel tejano que te sentaba genial también resiste igualmente entre la montonera porque —estúpido/a de tí— aún te crees capaz de limar la barriga cervecera que descubrirás tarde que sólo tiende al infinito.

Pues ese armario de ropa ajada, con posibilidades que nunca llegaron a cuajar, otrora algo resultona, pero definitivamente imponible hoy y de cara al futuro, es el símil del que estos días pueden tirar quienes desde la cercanía, incluso desde la distancia después de que el «caso Ponferrada» colocara definitivamente a Rubalbaca frente al espejo de su relevo, traten de explicarse qué es lo que ocurre con el PSOE en la capital de la Costa del Sil. Son todos —la gran mayoría— ropa muy vieja. Los que promueven una gestora ficticia, que en realidad está avalada por quienes auspiciaron y jalearon la moción de censura de Folgueral; y los supuestos descontentos, que lo cierto es que fueron antes objeto de las críticas de los mismos desairados que ahora están satisfechos. Es increíble que un partido que mueve más de 8.000 votantes por término medio cada convocatoria electoral se maneje por los caprichos, fobias e intereses de un círculo endogámico de no más de una docena de mal apodados históricos , apuntalado por una militancia de parentela. Y lo que se presumía lencería fina ha devenido harapienta por su lanzamiento fuera de temporada.

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