EL RUBICÓN
Marcha atrás
León tiene ya 50.000 parados y una de las peores tasas de actividad del país. Sólo nos superan Zamora y Orense. Mira como en el AVE, que gracias a los últimos ministros gallegos, la de ahora y el de las gasolineras, lo van a tener mucho antes que los leoneses y a buen seguro que con una estación en condiciones.
Y mientras esos 50.000 tratan de buscarse la vida, a nuestros políticos, a los de aquí, a aquellos a los que la gente se levantó una mañana de domingo para votarles, lo que les preocupa son los carricoches a pedales para pasear por la ciudad y recordarnos en el suelo de los pasos de peatones que tenemos que mirar hacia la izquierda antes de cruzar.
No es que estos del PP que mandan en el Ayuntamiento lleven casi dos años sin hacer nada, ni siquiera alzar la voz y protestar contra la falta de inversión de los suyos, del Gobierno y de la Junta, en León; o que se paseen cada fin de semana por un barrio cualquiera de la ciudad para hacerse una foto vacía. Es que ahora tienen la desfachatez de subirse dos veces en pocos meses, y casi con el mismo traje, al mismo carricoche a pedales o pintarnos mensajitos en los pasos de peatones y venderlo como una gran gestión. ¿Hasta cuándo va a durar esta burla?
Bueno, al menos lo del carricoche sirvió para ver hacer algo a la gran concejala de Urbanismo, Belén Martín Granizo, de la que poco o nada se sabe, salvo que es una experta en hacer envolventes que no funcionan, pero que cuestan, vaya si cuestan. Que se lo digan a Villaquilambre.
Casi igual de cara, para lo que hace, que la oposición. Tiene narices. Ahora resulta que el insigne José Antonio Díez le dice al alcalde que no baje el IBI, que subió de forma ilegal su hasta no hace mucho amigo y compañero de alturas, Fernández Cardo, y no tiene siquiera la gallardía de dar la cara. No, él manda a otro, un tal Copete, a quien más bien habría que decirle aquello de: Copete, si no sabes torear, para qué te metes.
Y es que al crítico Díez se le da bien esconderse detrás de otros en las cuestiones complicadas, para después eso sí dar marcha atrás. Lo hizo con las mujeres para buscar firmas contra la moción de censura de Ponferrada y después él puso el freno de mano y metió la marcha atrás. Y ha vuelto a hacerlo con la petición de una investigación en las Cajas, que su agrupación promovió y a la que ahora él vuelve a meterle la marcha atrás. Con tanta marcha atrás cualquier día va a tener un patinazo.