EL BAILE DEL AHORCADO
Sementales
En lo de Pucci no me voy a alargar nada. No sé si se merece la extensión de esta columna, porque lo único que demuestra este viejito es que en determinadas manos, el dinero sólo ayuda a hacer mejor el ridículo, que su acumulación no está reñida con la vulgaridad, y que estos principios son inalterables cuando se unen dos personas como Verónica y Danielle. Pero faltaba ese documental, esa película que parece sacada del mejor Summers, para descubrir al personaje que se esconde detrás de la charlatada. ¿O es al revés?
Y es que en la forja de la horterada, la riqueza tiene una gran responsabilidad. En eso y en ayudar a los hombres a vencer el miedo a la vergüenza. Ahí está Di Stéfano, en la plenitud de su vigor sexual, igual que Pucci, a punto de comprar un semental, un particular en el que su mujer se muestra muy interesada, no se sabe si para perpetuar la especie o para comenzar un nuevo área de negocio, olvidando con ello la miseria que dejan atrás.
De todo esto nos enteramos gracias a uno de esos programas con los que se muestra que a veces es mejor carecer de todo y conservar la dignidad, que la pobreza puede convertirse a veces en el mejor camino hacia la elegancia.
No hay nada peor que un macarra con ínfulas o, dicho de otra manera, ni Pucci y su mujer pueden llegar a más ni el caballo a menos. Eso teniendo en cuenta que finalmente compraran el jamelgo, que ya deja claro Verónica que a su enamorado le vence por el estómago. Vamos, que adiós al mito del vigor sexual en la ancianidad. ¡Qué lástima!
Pero, detrás de todo este bodrio, lo realmente importante es contemplar de qué manera la ley se hace para permitir que el poderoso caballero pueda bordear la ley e irse de rositas después de hundir la vida de cientos de trabajadores, llevándoselo crudo de paso merced a nuestros impuestos. Y es que en la historia de la empresa hay demasiado biutiful y muy poco profesional. Ya ven, desde que la sinpar pareja formada por Mario Conde y Juan Abelló unieron sus fuerzas para adquirir la empresa, ha pasado por León lo más granado de la empresa internacional, tanto, tanto que podría rodarse en la sede de la empresa una nueva versión de la película de Woody Allen, ya saben, Granujas de medio pelo. A mi, Pucci se me parece al neoyorquino, la verdad.