CORNADA DE LOBO
Pulmón de acero
Tenis en la tele, torneo de Madrid, ¡hala Nadal!, famosos entre el público, nenas de gran re mango en las tareas de correpelotas... ¡y ese pabellón, ese metal, ese arquitecto!... todo ahí es chapa recta, rigor industrial y frigidez.
Atosiga esa geometría.
El año pasado se pasaron de originales y pusieron la pista de arcilla azul, algo que enfureció a los tenistas... mandó el espónsor... y logró que en la publicidad y en la escena el color dominante del Master mil madrileño siga siendo el azul—braguita , muy indicado para la Marca España , ya que el torneo se retransmite urbi et orbe.
Pregunté entre la peña qué les sugería esa mole cuadrilonga y anoté algunos parecidos: hangar, patio carcelario, factoría de laminados, silo nuclear, gigantesco pulmón de acero con su techo corrido... ¿y las gradas de los vips?... conejeras, cochiqueras o corralitos como los que hace el pastor para separar a las paridas... encajonada y encantada se ve ahí la gente guapa y los que van de papo.
Me gusta el tenis y, especialmente, en la salsa inglesa que lo parió con ese sentido deportivo tan british y esos recintos de mucho maderamen como el viejo club de Wembley. Sin embargo, el tenis visto en esa instalación que el arquitecto llamó Caja Mágica me provoca conjuntivitis y agobio escénico.
Recordarás que su arquitecto, el francés Perrault, es el que aquí les puso el flujo a punto de nieve para que le dieran el obrón del Palacio de Congresos , eso que fue un día Azucarera y convirtieron después en panal de rica miel.
La fama y algo más le allanó caminos. Vino con su magia de la Caja madrileña: ¿qué?, ¿hacemos magia? , le propuso Perrault a una enseñorada León que preguntó toda coqueta uy, ¿y eso cómo es? .... se lo aclaró el francés: pues bien sencillo: voy yo, te echo unos polvos... ¡y desaparezco! ... y aquí nos dejó un cajón mágico que no tiene fondo, pero tendrá tejado de vidrio como quien pide su «noche de los cristales rotos».
Dígase sin reparos: estas arquitecturas son un pedo sólido, feas... pero el feísmo en un arquitecto pif resulta ser un alarde de genialidad en el que hay que pagar a millón la escuadra.