Diario de León
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Se citaron el martes en la Cortes el presidente Herrera y el portavoz del Grupo Socialista, Óscar López, para alcanzar un gran pacto de espectro autonómico que permita meterle la marcha atrás al desempleo o al menos frenar la destrucción de puestos de trabajo. Un emplazamiento meloso que sorprende desde la periferia de la comunidad por el timbre amable con el que se ha acogido por parte de algunos analistas y agentes socioeconómicos, que esbozan una cierta esperanza anclada simplemente en las expectativas de diálogo y de consenso entre los dos grandes partidos.

Salvo porque el entente oral entre Herrera y López parece un pasito más allá formalmente en la disensión general que también esta semana ha quedado perfectamente escenificada entre Rajoy y Rubalcaba, desde los arrabales de Castilla y León el idilio parlamentario entre el jefe del Ejecutivo autonómico y el de la oposición, sólo puede resonar como una triste carcajada sarcástica. Fundamentalmente porque ya dejó de ser el tiempo de las buenas palabras en comarcas tan depauperadas como el Bierzo, en las que los políticos locales y regionales han quedado absolutamente desacreditados en relación directamente proporcional a su incapacidad y a su falta de independencia respecto a los aparato s de los partidos encargados del Gobierno —ahora el PP— para exigir por ejemplo al ministro Soria que de una vez por todas libere la integridad de las ayudas pendientes al carbón y que empiece a liquidar las de este año o bien busque una solución definitiva para la gestión del mayor grupo privado del sector en este país.

Si Herrera y López desean seguir consensuando sería bueno que lo hicieran amarraditos de la mano frente al Ministerio de Industria. Si no es para ponerle una pistola al pecho —figurada— a Soria y a su ahijado Nadal por las subvenciones a una actividad socialmente estratégica, al menos para convencerles de que es urgente e incondicional que se fije un nuevo marco de reindustrialización en el erial humano en el que están a punto de convertir territorios que ni siquiera aparecen en la última convocatoria —también esta semana— de ayudas al Desarrollo Industrial y entre las que aparecen Lorca, El Hierro, Teruel, Ferrol o la Bahía de Cádiz. Debe ser que aquí estamos mucho mejor y no lo sabemos. El tono es el de Mantero. ¡Lástima que esté tan lejos de la polifonía!

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