EL CORRO
Un cóctel letal
Con la fagocitación del banco Ceiss por Unicaja quedará consumado el proceso de liquidación de las seis antiguas cajas de ahorro de Castilla y León, víctimas todas ellas de la codicia política y de la ineptitud de sus ejecutivos, un cóctel de letales consecuencias. Aquella apuesta política compartida por la Junta y el PSOE de fortalecer el «músculo financiero» de la Comunidad ha devenido con el tiempo en un completo desaguisado. Las seis cajas han acabado diluidas en cuatro grupos financieros diferentes, todos ellos con centros de decisión alejados de Castilla y León.
Si dicha apuesta ponía a prueba la vertebración política de la propia Comunidad autónoma, el resultado ha sido harto revelador de su endeble consistencia. Espurios intereses provincianos condujeron a las Cajas de Ávila y Segovia hacia Bankia, sin sospechar el destino fatal que allí les aguardaba. En el pecado llevan sus presidentes la penitencia de la imputación judicial que pesa sobre todos los que compartieron Consejo de Administración con Rodrigo Rato.
Idem del lienzo fue lo de Caja Burgos, que, junto a sus compañeros de viaje en Banca Civica, ha terminado absorbida por Caixa Bank. Eso sí, con la diferencia de que su ex presidente, el taimado José María Arribas, lejos de recibir ningún reproche, mantiene la canonjía de presidir el consorcio privado adjudicatario del nuevo y costoso hospital público burgalés. Si acaso, cabe excusar la opción emprendida por Caja Círculo, la otra entidad burgalesa, que tras hacer piña con otras cajas participadas por la Iglesia, ha terminado recalando en la aragonesa Ibercaja.
El gobierno de Juan Vicente Herrera no ahorró críticas a esas cajas provinciales que dieron la espalda a su malogrado proyecto de una gran entidad financiera común. Lo peor es que el destino final de Caja España y Caja Duero, que sumaban alrededor del 60 por ciento de los activos de las seis cajas, no va a ser sustancialmente diferente. La suma de dos cajas enfermas no podía obrar el milagro de una caja sana sino justo lo contrario. El resultado ha sido un banco inviable salvado «in extremis» de la nacionalización y posterior subasta a cambio de convertirse en convertirse en filial de otro banco ajeno a Castilla y León.
En tan penosa peripecia habrán desaparecido al final más de 2.000 puestos de trabajo, los 14.000 afectados por participaciones preferentes verán mermado sustancialmente su capital y si subsiste la residual obra social, será sólo porque ello interese al markéting de Unicaja. Y todo ello sin que nadie asuma responsabilidad de ningún tipo ante tan catastróficas consecuencias. No sólo eso: a tenor de lo escuchado estos días, lejos de reconocer el desastre, algunos de sus más directos responsables poco menos que se felicitan por el desenlace.