AL TRASLUZ
Malditos malvados
El Inteco va a fichar veinte hackers. El director del centro se ha referido a ellos como «los malos», pero como él prefiere denominarlos es «expertos en seguridad de estructuras informáticas». No importa, a Drácula se le puede llamar vampiro o perito en cuellos, tampoco hay que ofender llamando a todo por su nombre. Además de que compartan sus saberes en la vulnerabilidad de sistemas, se pretende que ayuden a comprender la psicología del cibervándalo, quizá más retorcidilla que compleja, dada la juventud de la mayoría de ellos. Harán una convocatoria online para reclutar a sus malditos malvados, que diría Quentin Tarantino. «Me llamo Luisín, tengo siete años y cuando no me dejan ver Espinete le hackeo la tarjeta de crédito a mi padre». Y el examinador: «Contratado, chavalín». Fichar malos no es tan extravagante, los fichan bancos, empresas, compañías de zarzuela, partidos políticos y hasta el Real Madrid. Lo importante es que con ello no se arrincone al bueno, hasta hacerle protestar ante el comité: «¡Si lo llego a saber también yo me paso al lado oscuro!». Incluso hay un tipo de malo que se ficha a sí mismo y amenaza con volver, como Aznar. Y es que la maldad es un sector con mucho intrusismo profesional, dado que no se pide titulación. Pero eso no significa que sirva cualquiera, pues el listón está muy alto. «¿Los puñeteros contamos como malos?», se preguntará alguno. Se siente, no lo es quien quiere, sino quien puede y además se lo llaman a voces, como a Mourinho.
Nuestros ordenadores son dianas contra las que gamberros, frikis y delincuentes informáticos disparan sus egos. A veces, aciertan. «Yo he entrado en los ordenadores del Pentágono», presume un hacker, y quizá no miente. «Y yo he comprado 20.000 canguros y lo he cargado en la cuenta personal del alcalde de Valladolid», farda otro, y quizá tampoco miente. La Red es caldereta de yoes. En el mundo virtual, el resentimiento tiene fauces. Hay que protegerse de ellas. Muerden.
Esta iniciativa puede demostrar que también un cibermalo es reciclable en ciberbueno, si refrenamos los impulsos iniciales de estrangularlo y se le da una oportunidad de expiación. Y nos paga con su primera nómina un ordenador nuevo, claro.