Diario de León
Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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Los viejos, por supuesto. Me refiero a los veteranos impositores de Caja España atrapados en el engaño, que un día fueron requeridos para canjear los ahorros de sus cartillas por participaciones preferentes, que pagaban más interés. La bola echó a rodar en el 2002, con Aznar en el gobierno, y tuvo diversos acelerones, cada vez que necesitaron más capital para pagarse los caprichos. Tanto valían indemnizaciones de la colza como los ingresos menguantes por la venta de la leche. Pero lo más tentador era el ahorro cautivo de los viejos, que mediante este birlibirloque se fue destinando a aventuras disparatadas y bochornosas, como las suites de lujo construidas en la Sierra del Brezo de Palencia (donde había unos barracones del pantano de Camporredondo, similares a los que todavía utilizan los campamentos de verano en Los Barrios de Luna) o los aliviaderos de caoba en la planta noble de la sede de Fuente Dorada, en Valladolid. Si un día se acercan a la Colonia del Brezo, al lado de Besande, escuchen a la gente, que enseguida les ponen al día de los homenajes que se dan estos artistas.

Los excesos mencionados son payasadas que se le ocurren al más tonto, cuando maneja el dinero de otros. Pero ese sumidero no se tragó la millonada que malbarataron. Tampoco los lujos a los que se aficionaron: créditos y bicocas a tutiplén, viajes corporativos, a veces transoceánicos, y el reparto domiciliario de baúles con ibéricos, vinos y alcoholes de capricho. Tengo delante el tablero de dietas que se embaularon en un lustro, cuya desmesura individual y en cuadrilla resulta obscena. Pero no quiero cebarme. Toda esta pandilla de financieros sobrevenidos fue elegida por unanimidad en las Cortes de Castilla y León. Sin ningún examen de idoneidad. Iban a ser la salvaguarda del interés general en la gestión de las entidades de ahorro, sostenidas por el esfuerzo ahorrador de campesinos, comerciantes y trabajadores.

No es preciso recrearse en los avatares de la calamidad. Pero ahí están todos: políticos populares, socialistas y leonesistas; empresarios de diversas plazas y agrupaciones; sindicalistas de clase y corporativos. Y entre todos han hundido el barco. En otras entidades, donde la presión social llevó el escrutinio de la gestión a los juzgados, se van descubriendo detalles escabrosos. En lo que fue Caja España Duero, la haraganería siempre bien retribuida de sus gestores ha prolongado la agonía más allá de todos los límites previstos. Una insolente y fría carta madrileña sin firma del 20 de mayo aboca a las víctimas de este atropello a los juzgados. Ahí se verá cómo, en algunos canjes apresurados de ahorro por preferentes, la entidad carece de la documentación requerida. Y posiblemente se descubran más cosas.

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